150 AÑOS DE HISTORIA
POR: JUAN CARLOS PÉREZ FRANCO | 4:00 p.m. |30 de diciembre de 2012 | LA PLAYA DE BELÉN
FESTIVAL DEL RETORNO|AÑO DEL SESQUICENTENARIO
 
   
 

Queridos coterráneos y amigos:

Han pasado 150 años, no muchos a decir verdad, para la vida institucional de un municipio, sin embargo, suficientes para cimentar toda una cultura, aquella que nos ha dado nuestra propia identidad.

Somos el fruto del denodado esfuerzo de aquellos que nos antecedieron en el trasegar de la vida. Recordamos con la avidez y fantasía con la que escuchan las historias los niños, cómo referían nuestros padres con tintes casi heroicos las mil epopeyas que significó traer la luz a nuestro pueblo. Aquel hito histórico que puso fin a la profesión de los espantos de espantar por igual a valientes y asustadizos, y también a la hermosa tradición de dar serenatas al pie de las ventanas en la penumbra de aquellas calles empedradas, para anunciar al mundo silencioso de la noche el nacimiento de un nuevo playero, el amor correspondido o incomprendido de un amor furtivo o el gozoso anuncio de un compromiso nupcial.

A pesar de no contar tan pocos años como quisiéramos, tampoco tantos como nos achaca la oposición en el bien entendido uso de la palabra, añoro con vividez inusitada, el pasado no tan reciente cuando corríamos por aquellas calles empedradas coronadas por una escasa pero rebelde maleza que en no pocas ocasiones debimos deshierbar o ser sometida a la infalible receta de nuestro padre de aplicar aceite de carro, a ver si esas H.P. hiervas lo aguantan.

Cada uno a su manera recuerda su pasado, para algunos de nosotros un pasado común, para otros, revividos por la historia de aquellos que vivieron otros tiempos, enriquecidas en no pocas ocasiones por la fantasía de quienes protagonizaron aquellas épicas aventuras.
Pese a las diferencias generacionales la manera como vivimos nuestros primeros años de vida, salvo algunas matices se parece en mucho.

Quien no recuerda aquellas mañanas navideñas coronadas de neblina y frió, "YELATALES" de diciembre según algunos, las que enmarcaban las misas que anunciaban la navidad, aquellas que después de celebradas nos hacían correr en desbandada a disfrutar de un delicioso tamal caliente, buñuelos y café negro en unos casos, en otros a disfrutar de una deliciosa arepa con queso criollo, si fuera cuajada en mi caso, mucho mejor.

Cómo no recordar que en la sencillez de nuestras infancias, fuimos felices jugando al trompo, eso sí padeciendo en alguna ocasión la cara de felicidad casi sádica del inolvidable RUBELINDO comiéndole monta a nuestros impecables trompos, ese mismo que se solazaba entre más grande fuera la CHENCA.

Cómo no recordar las épocas de aquellos helados de limón o cola que vendían donde Mario Arévalo, compartidos hasta por cuatro o cinco bocas sin que de milagro se nos pegaran las boqueras. Algunos especulan acerca del gran poder nutricional que estos tenían, porque de estos consumidores habituales surgieron grandes mentes, la menos grande la mía por supuesto.

Como no recordar el placer casi sublime, que nos proporcionó disfrutar del infaltable dulce de leche, variado en ocasiones con el dulce de piña con galletas de soda, en las pocas fiestas infantiles que se celebraban, eso sí con piñata incluida, aquellas que no producían un herido o un muerto de puro milagro a consecuencia de los incesantes palazos de ciego que daba el encargado de romperla, o de los cabezazos de quienes competían para obtener uno de los jugosos regalos que estas contenían.

Fueron épocas sencillas pero felices, aquellas que en medio de las limitaciones por los magros presupuestos de nuestros padres nos hicieron gozar la vida, compartiendo sin distingos de ninguna naturaleza.

Cómo no recordar aquel delicioso arifuque que acompañaban los recreos de nuestras tardes de escuela primaria. Cómo olvidar esas escapadas al pozo de Toño o al Sanjuanero, eso sí, teniendo cuidado porque este último tenía tragadero según las voces de algunos avezados e intrépidos nadadores, y al que jamás se le ha encontrado fondo. Estos centros recreacionales los compartimos indistintamente varias generaciones. No sé si las generaciones de hoy se estén privando de ese inenarrable placer.

Empero, este terruño con geografía árida y escarpada es la cuna fecunda de generaciones que en medio de la humildad se han abierto camino en distintos campos, sobreponiéndose a las vicisitudes de sus limitaciones, esculpiendo su carácter y su personalidad.

La constancia y la persistencia son valores que nos hacen distinguir en medio de la comarca, aquellos que con la enjundia de nuestras gentes nos hicieron levantar con orgullo el pueblo más bonito del Norte de Santander y uno de los más bellos de Colombia, aquellos que además, esculpieron con fuego en la impronta de nuestras almas el deseo ferviente de superarnos cada vez más, el de brillar en los escenarios que nos correspondan, siempre adornados por la honradez y el respeto por los valores y principios que nos inculcaron nuestros padres.

Hoy, mirando en retrospectiva y a nuestro derredor, debemos congratularnos porque con el impulso de todos, hemos forjado un municipio que se distingue entre los demás, porque tiene un carácter y una personalidad propias que lo identifican, y que pese a ser apenas un infante en el panorama institucional, es un símbolo de superación y progreso.

Por eso los invito a que nos fundamos en un inmenso abrazo de felicitación, invitándoles a que nos gocemos estas fiestas como siempre ha ocurrido, en paz y alegría.

La Playa de belén, 30 de diciembre de 2012