LA CIUDAD, INMIGRANTES Y TRANSEÚNTES:
ANÁLISIS DE ALGUNOS CUENTOS DE JOSÉ FÉLIX FUENMAYOR

Por Álvaro José Claro Ríos

 

 

 

José Luis Romero, en Latinoamérica, las ciudades y las ideas, cuenta cómo, a partir de la segunda mitad del siglo XX, de forma generalizada, las ciudades latinoamericanas ''comenzaron a experimentar nuevos cambios, esta vez no solo en su estructura, sino también en su fisonomía'' (247; 1976). Se refiere con ''estructura'' a la organización social de las personas: los viejos linajes de poder y los nuevos grupos relegados, casi todos se vieron alterados. Mientras que con ''fisonomía'' hace referencia a la arquitectura: las nuevas construcciones que se llevaron a cabo en el interior de las ciudades.

Luego, en el caso colombiano, especialmente de Barranquilla dice que, dada su condición portuaria, fue la que más progresó acaparando cada vez más el tráfico internacional y convirtiéndose en la llave de navegación del Magdalena, imponiéndose incluso a otras ciudades portuarias como Santa Marta y Cartagena. Y agrega además que, a diferencia de estas dos últimas, en Barranquilla, con relación a la estructura social se generó y afianzó una ''burguesía de origen cosmopolita y advenediza que promovió su desarrollo'' (253; 1976) y en lo tocante a su fisonomía dice que ''Nada en ella recordaba el pasado colonial, como sí lo recordaban las murallas de Cartagena'' (253; 1976).

Este contexto histórico parece compaginarse y a la vez desencajar con el desarrollo de la narrativa colombiana, específicamente en el género del cuento. Parece desencajar pues, tal como se evidencia en El cuento colombiano, compilación hecha por Eduardo Pachón Padilla, desde 1880 hasta finales del siglo XX, no son muchos los cuentos que dan testimonio de la consolidación de las ciudades en el país, sacando a relucir la importancia que el aspecto rural tuvo para escritores como Hernando Téllez o el propio Zárate Moreno, quienes en su obra cuentística casi que dejaron de lado el concepto de lo urbano.

Una muestra de ello son ''Sangre en los jazmines'' y ''La cabra de Nubia'', cuyos autores son los anteriormente mencionados. En el primero de ellos, ''los guardias rurales'' llegan a la finca de Mamá Rosa para ajusticiar a Pedrillo, su hijo, que ya está mal herido. Al verlos venir ''por la colina'', la madre corre a casa e informa al hijo, quien logra ponerse de pie contra ''la tapia pisada'' y logra huir ''más allá de las cañas, más allá de los cafetos, más allá de la última mancha de hierba''. Sin embargo la mujer, por encubrir a Pedrillo, es asesinada contra un árbol por los guardias rurales. Aquí tanto el entorno donde se desarrolla la historia (la colina, la tapia pisada, las cañas, los cafetos, la última mancha de hierba) hace referencia explícita al campo. Así también hacen referencia los personajes, como ''los guardias rurales'', cuya denominación deja poco que agregar. Y ''La cabra de Nubia'', la historia de un hombre que vende tres veces una cabra que no es de él. Las primeras víctimas, aunque pagan, no pueden llevarse al animal por falta de transporte. Ya con el dinero, se la ofrece mucho más barata al tendero, dueño original de la cabra, a quien se la ha robado sin darse cuenta. Al terminar el cuento, aparece la esposa del tendero quien da aviso de la ausencia del animal en el corral y la presencia de un hombre viajando con una cabra. Aquí el propio centro del cuento, la cría y comercialización de animales, es de índole netamente rural, pastoril.

Por otra parte, la creación y consolidación histórica de las ciudades en Colombia, Barranquilla en este caso específico, sí parece tener su símil en la narrativa corta colombiana, con un escritor nacido en esta misma ciudad, el año 1885, cuyos cuentos fueron publicados por primera vez en 1967, dos años después de su muerte, bajo el título de ''La muerte en la calle'', quien fue uno de los fundadores de El grupo de Barranquilla y que, en un artículo publicado en El heraldo por el entonces joven Gabriel García Márquez, ''era un gran cuentista, aunque resulta difícil explicar por qué'' (Mayo 27, 1957). Se hace mención de José Félix Fuenmayor, de quien ahora, dando una posible explicación a la duda de García Márquez, se puede decir que era una gran cuentista en tanto que, a diferencia de la tendencia seguida por gran parte de escritores de su época, se forzó por dejar testimonio, vivo y creativo, del origen y de las características de la ciudad y sus ciudadanos.

En este sentido, el objetivo del presente texto es hallar y mostrar la fisonomía de esa ciudad naciente en las que transcurren los cuentos de Fuenmayor y el tipo de ciudadanos -a quienes se denominaran inmigrantes o transeúntes según sus características- quienes formaron y fueron formados por la ciudad, desde el punto de vista ficcional que ofrece la literatura.

Retomando el concepto de fisonomía de ciudad, es decir sus construcciones, su arquitectura, son varios los cuentos en que se encuentran, además de enunciaciones propiamente hechas con la palabra ''ciudad'', también varias alusiones a espacios que ya se pueden considerar urbanos. Las primeras páginas de ''Un viejo cuento de escopeta'', narran lo siguiente: ''Petrona, la mujer de Martín, llegaba a la ciudad: -el poblado con sus moradores, anticipándose a la realidad que un día debía ser la que llamaban ciudad-.'' Y líneas más abajo, continúa: ''Ante una casa grande, de paredes de ladrillos y techo de tejas, el guía se detuvo'' (63; 1973). De lo cual se puede deducir un primer elemento de las ciudades: las casas. A diferencia de las rurales, como la descrita en ''Sangre en los jazmines'', las casas rurales no se hacen con ''tapia pisada'' sino con paredes de ladrillos y techo de tejas, con lo que, evidentemente, se consolida en la ciudad una imagen de fortaleza, de solidez que no se percibe en el campo.

Pero no solo de casas se compone la ciudad. Al finalizar ''Utria se destapa'', el protagonista, al salir de la oficina a donde debía ir para que le pagaran el sueldo, se desvía del camino de regreso a la finca y se encuentra con lugares enteramente desconocidos. En palabras del autor:

 
De este modo llegó a un paraje maravilloso que le pareció la materialización de un sueño. Detenido en una esquina alta, a dos metros del piso de la calle, contempló a sus pies la plaza principal, con su iglesia y su parque; y los preparadores de refrescos enfrentados a sus tenderetes; y los proveedores de frutas estancados con sus carretillas; y las vendedoras de dulces sentadas con su chazas sobres las piernas, y los consumidores sedientos, hambreados. (61; 1973)
 

En este pasaje, con la frase ''a dos metros del piso'' se insinúa la presencia ya de un pequeño edificio, diferentes a las casas de una sola planta del campo, desde donde Utria observa elementos de un pasado colonial -la plaza, la iglesia y el parque- que se están transformando en otra cosa, pues se encuentran atiborrados de gente, que carga con los elementos comerciales típicos de una ciudad, o como dice José Luis Romero, ese mundillo que creció en las ciudades, como casas de negocios al por mayor y de tiendas para ventas al menudeo. (249; 1976)

Y no se pueden olvidar los cafés, aquel otro elemento fisonómico típico de las ciudades, donde las personas ingresan para pasar el tiempo, en busca de un poco de anonimato, quizás escapando de sus problemas, como sucede con Pájaro, en el cuento ''Por la puerta secreta''. Aquí, el personaje, flautista, pequeño y delgado, después de golpear al gordo y grande Nab en la barbería, se ve obligado a andar con cuidado, por lo que recurre a un café donde, sin imaginarlo, será encontrado por su enemigo, quien se encontraba en una botica contigua que se conectaba con el café, como lo dice el título, a través de una puerta secreta. Otra característica que se deduce de los cafés gracias a este cuento, es que se establece como un lugar de violencia, venganzas o riñas, pues el gordo Nab toma del cabello a Pájaro, arrancándole el cuero cabelludo, dejándolo ensangrentado. Eso por no traer a colación ''El relato de don Miguel'' en el que Tomás, en el café, mata a su amigo Pedro, porque éste no deja de llamarlo ''Butaque''.

En consecuencia, como se puede observar hasta este punto, la ciudad no es solo fisonomía, no es solo sus construcciones, si no también quienes las llevan a cabo y a continuación las habitan. En palabras de Luz Mary Giraldo:

La ciudad no es solo una retahíla de edificaciones. La ciudad se desprende de sus espacios, es generada por las actitudes y comportamientos de los ciudadanos, así como ella también genera actitudes y comportamientos que definen a los ciudadanos'' (2004; xi)

Con lo anterior se da pie para observar la estructura social de la ciudad, o sea, las características de los ciudadanos que la componen. En primer lugar, los inmigrantes, quienes por definición son los que inmigran, los que llegan a nuevo lugar y se establecen en él (RAE). De este tipo se encuentran muchos y variados ejemplos en la cuentística de José Félix Fuenmayor, entre ellos los personajes de los cuentos ya citados: ''Viejo cuento de escopeta'' y ''Utria se destapa''. En el primero, Petrona y Martini son una pareja de viejos que han vivido toda la vida en el campo y que, cansados de tantos años de trabajo, deciden vender todas sus tierras e ir a pasar sus últimos años holgadamente en la ciudad. En el segundo, el caso de Utria, el personaje-narrador, es bastante parecido: él es un campesino que, de tanto ir a la ciudad, ha desarrollado el deseo de vivir y trabajar allí, de hablar como allí hablan, se siente, en fin, con el deseo de ser allí aceptado.

Respecto a los inmigrantes cabe resaltar las diferentes imágenes que la ciudad representa por y para ellos: como metafóricamente queda demostrado, es un motor comercial, promesa de un mundo nuevo y desconocido donde alcanzarán el mejoramiento económico y cultural, como para Utria, o, en el caso de Petrona y Martín, más que una promesa de mejor vida, es sinónimo de indiferencia, la ciudad es, simplemente, un lugar donde uno puede ir a morir.

Por otra parte están los ciudadanos transeúntes, los que andan por la ciudad, quienes ya la habitan, bien porque nacieron en ella o porque llegaron hace tiempo atrás. De este hay varios tipos y también son varios los ejemplos que se pueden hallar en los cuentos de Fuenmayor. Se analizarán dos sobresalientes. El primero: el transeúnte del vacío, como lo define Luz Mary Giraldo. Es aquel personaje que recorre las calles de la ciudad, sus lugares amados o temidos, encontrando soledad o degradación, vive en una rutina diaria de peligros y horrores. Es, en palabras de la autora: ''un ser que vive un exilio interior, un vagabundeo sin nostalgia, una realidad sin utopía, desamparado, tránsfuga o errante'' (161; 2004) Hay un personaje que se adapta muy especialmente a este concepto y es el del cuento que da título al libro de cuentos, es decir, el narrador de ''La muerte en la calle''. Él es un indigente que vaga por las calles de la ciudad, con la única esperanza de encontrar algo de comer, con cuidado de no ser mordido por los perros, al tanto de que no lo encuentren los muchachos y lo golpeen, sin deseos de ser más de lo poco que es, dispuesto a morir sin oposición, tal como al final le sucede.

Por último se encuentra el transeúnte sobresaliente. En palabras de Luz Mary Giraldo:

 
es aquel que vagabundea por sitios selectos, dando una visión de conjunto, ensimismados en escenarios colectivos, como cafés, espacios públicos, cines, en fin, es un ser que se muestra como vitrina, como una representación de algo más (160; 2004)
 

Esta definición empalma con Tomás, el protagonista de ''Relato de don Miguel''. Tomás es lo que bien podría llamarse un joven burgués, dueño de una panadería que dirige su madre, se dedica a asistir a tertulias en los cafés, a tomar cerveza, a conquistar muchachas junto a sus amigos y cuenta con el agregado de la prepotencia pues, no hay que olvidar, este personaje al finalizar el cuento asesina a su mejor amigo solo porque éste le puso el apodo de ''Butaque'', lo cual empañaba su imagen de joven especial.

En rigor, el concepto de ciudad, tanto con su fisonomía arquitectónica -casas, parques, edificios, cafés- como con la estructura de sus ciudadanos -inmigrantes y transeúntes- queda sin duda plasmado en la obra de José Félix Fuenmayor. Y si se tiene en cuenta, primero, su contexto histórico, o sea el desarrollo de Barranquilla, se puede concluir que este puerto cuenta con un escritor que plasmó sus orígenes dejando testimonio de un pasado que, teniendo en cuenta el contexto literario, estuvo a punto de perderse a causa de la preferencia que por lo rural tenían la mayoría de escritores de la época.

BIBLIOGRAFÍA:

-FUENMAYOR, J.F. ''Con el doctor afuera''. Instituto Colombiano de Cultura, Bogota, 1973.
-PACHÓN, E. ''El cuento colombiano''. Editores Colombia Ltda, Bogotá, 1980.
-GIRALDO, L. M. ''Ciudades escritas''. Convenio Andrés Bello, Bogotá, 2004.
-ROMERO, J. L. ''Latinoamérica, las ciudades y las ideas'' Siglo Veintiuno Editores, España, 1976.

ARCHIVOS VIRTUALES:

-GARCÍA MÁRQUEZ, G. ''José Félix Fuenmayor'' En: El heraldo, Bogota. Mayo 24, 1957.
-BRUSHWOOD, J.S. ''José Félix Fuenmayor y el regionalismo de García Márquez'' Traducción: Andrea Trexler.