FRAY JOSÉ MARÍA ARÉVALO CLARO, O.P.
29 DE AGOSTO DE 1923- 2 DE AGOSTO DE 1971

CÚCUTA, JULIO 28/2001 - LA PLAYA DE BELÉN, AGOSTO 2 DE 2001


 

 
 

Nació en La Playa (Norte de Santander) el 29 de agosto de 1923. De una familia de hondos sentimientos cristianos. Sus padres son Francisco Arévalo (fallecido) y Juana Claro vda. de Arévalo. Tuvo 15 hermanos. La devoción a la Virgen de Chiquinquirá es algo substancial a ese hogar: Ella ha presidido todas sus alegrías y todas sus penas.

El 26 de abril de 1940 viajó a Chiquinquirá al Colegio Apostólico de aquel entonces, después de haber cursado algunos años en el Seminario de Ocaña, donde aprendió muy bien la Gramática de Bello y comenzó su afición por la literatura y el francés. Culminó su Bachillerato en esta ciudad mariana con gran aprovechamiento. El 2 de febrero de 1943 recibió el hábito dominicano aquí mismo y al año siguiente hizo su Profesión Religiosa. Bajo la dirección del Padre francés Blanchet adelantó en cultura y piedad. Cursó Teología por cuatro años en el Colegio "Angelicum" de Roma, hoy con el título de Universidad, y sacó el Grado de Licenciado con la tesis en latín sobre "El Proceso intelectual de la Profecía según Santo Tomás."

En la ciudad eterna también adquirió conocimientos lingüísticos profundos y no comunes del Hebreo y del Griego, y se adentró por los piélagos luminosos de la sagrada escritura. Se ordenó de sacerdote en Roma el 26 de junio de 1949. De asiento en Colombia, dictó clases de idiomas bíblicos (Griego y Hebreo) en nuestro Teologado. Fue profesor de Sagrada Escritura por varios años. Tuvo Cátedra de Teología en la Universidad "La Gran Colombia". En nuestros Colegios de Sto. Tomás y Jordán de Sajonia sirvió por varios años dictando cursos de literatura e idiomas. Poseyó a perfección el francés y leía y entendía y conversaba el inglés y el italiano, fuera del latín.

En 1963 viajó a Jerusalén y por algunos meses se sentó en los bancos de la Escuela Bíblica de Jerusalén para oír a los grandes exégetas bíblicos de la época moderna. En 1969 estuvo en Quito, Lima, Buenos Aires y Santiago de Chile en busca de archivos y datos sobre los Dominicos en América, logrando hallazgos históricos de inapreciable valor. En 1970 publicó en Lima una obra histórica de 336 páginas sobre "Los Dominicos en el Perú", en cuya presentación el Provincial Nicolás Gobert, de nación belga, pondera la pericia, dedicación y asidua labor del ilustre playero. En años anteriores había dado a la imprenta estudios concienzudos y polémicos sobre la Virgen de Chiquinquirá, sobre Fray Cristóbal de Torres y sobre la Universidad Tomista de Bogotá.

Por su versación histórica fue distinguido con el título de Académico correspondiente de las Academias de Historia de Tunja, Cúcuta, Ocaña y de la Sociedad Bolivariana de Bogotá, donde pronunció un discurso: "Colombia, Capital Las Casas, un proyecto de Bolivar".

Entre las interesantes facetas de su personalidad intelectual se destacaba su memoria feliz. Era un prodigio de retentiva, un archivo y arsenal de cultura general literaria, histórica, filosófica y teológica, sin exageración alguna, como lo pueden atestiguar sus compañeros de estudio y sus discípulos. Parecía una auténtica grabadora de altísima fidelidad. Recordaba con la mayor facilidad y precisión matemática cosas importantes de todo lo que había leído, que no era poco, pues toda su vida fue un lector incansable, un bibliómano de tiempo completo, un bibliógrafo apasionado y un "bibliófago" ávido de saber y de erudición. Y era un hombre que sabía escribir con estilo fácil y elegante, con sangre y espíritu. Y que conocía y paladeaba muy a su sabor los secretos y deleites de los clásicos, especialmente a Cervantes y Granada, Menéndez Pelayo, Caro y Cuervo, Suarez y José Joaquín Casas. Y con todo esto poseía un corazón de artista y de poeta que vibraba con todo lo bello del cielo y de la tierra, escribiendo algunos poemas breves pero henchidos de galanura y gracia castellana como el soneto que hizo al rumor nocturno de las aguas de la pila del Convento de Sto. Domingo de Bogotá. Y que decir de su sencillez, de su espíritu ajeno a la vana ostentación, marginado de todo ruido inútil y preocupado siempre por los más altos valores en la religión y en la cultura. Por eso, como un trasunto y proyección de su interior semblanza moral y espiritual y dominicana son estas palabras que estampó en su prólogo a la obra que escribió en el Perú (1970): "El amor del Dominico a lo verdadero y a lo auténtico lo hace alérgico a las simulaciones y torna más protuberante cualquier forma de claudicación.

El estudio, la pobreza y la vida común perfilan de tal modo la personalidad del Fraile Predicador en su concepto de apóstol que es imposible ocultar o paliar la infidelidad a esos grandes ideales. Su misma vocación, falsificada o plenamente vivida, es ya para él un espectáculo de traición o de fidelidad".

Al tiempo de su muerte adelantaba con entusiasmo la edición facsimilar de la "Gramática de la lengua general del Nuevo Reino llamada Mosca" del santafereño Fray Bernardo de Lugo, con apuntes biográficos sobre el autor por el P. Arévalo y glosas gramaticales a cargo de un miembro del Instituto Caro y Cuervo, el Dr. Fernando Antonio Martínez. Otras obras proyectaba y para ello tenia material de primera mano, cuando la muerte vino a segar su vida y a arrebatarlo en plena actividad histórica. Pero Dios lo ha querido así, benditos sean sus designios eternos e inescrutables. Dios lo tenga en la Patria de los Bienaventurados.

"HOMENAJE PÓSTUMO", Fray Campo Elías Claro Carrascal, O.P.