| "EDUARDO COTE LAMUS 30 AÑOS DE AUSENCIA" Esta
obra fue publicada en octubre de 1994 por el Instituto de Cultura y Bellas Artes
del Norte de Santander, la Casa de la Cultura de Cúcuta y el Fondo de Promoción
de la Cultura del Banco Popular, valioso documento editado en los Talleres Gráficos
de La Opinión, con motivo de la conmemoración de los 30 años
de la muerte del poeta. |
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ÍNDICE
DE AUTORES (El nombre del autor te llevará al artículo correspondiente) | |
| LIGIA
R. DE LARA: PRESENTACIÓN |
CICERÓN
FLÓREZ MOYA: "EDUARDO COTE LAMUS EL HOMBRE COTIDIANO" |
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LUIS
ROBERTO PARRA DELGADO: "EDUARDO COTE LAMUS Y SU GESTIÓN POLÍTICA" |
MARÍA
MERCEDES CARRANZA: "UN POETA DE LOS AÑOS 50" |
|
MATEO
CARDONA VALLEJO: "UN POETA DE LA SELVA" |
POLICARPO
VARÓN: "EDUARDO COTE LAMUS: LO EXCEPCIONAL" |
| FERNANDO
CHARRY LARA: "EDUARDO COTE LAMUS" |
JAIME
GARCÍA MAFFLA: "EL MILAGRO" |
| DAVID
BONELLS ROVIRA: "EPÍLOGO" | |
| "Cuando
el corazón sel siente a si mismo... El
trágico fallecimiento de Eduardo Cote Lamus el 3 de agosto de 1964 partió
en dos el ámbito literario y poético de Colombia, dejando entre
los nortesantandereanos la huella de un vacio irreparable, que no obstante con
el tiempo se ha ido decantando en un creciente sentimiento de admiración
y gratitud por esa obra profunda que a todos nos enorgullece y estimula. Eduardo
Cote Lamus: el hombre cotidiano "El
Final dramático y sereno Pero
el final se vino casi que de repente, porque la previsión de Cote Lamus
era otra: la permanencia de su quehacer cotidiano, entre la creación literaria
y el ejercicio de la política como la búsqueda del poder, según
el plan que tenía trazado en el presente y para los años por venir.
Tal
comportamiento está impreso en las realizaciones que asumiera o estimulara
Cote Lamus en el campo de la cultura, en esta ciudad, cuando se desempeñaba
como ciudadano particular, dirigente político, secretario de educación
del departamento o Gobernador. Fue
entonces cuando surgió un fértil movimiento promotor de diversas
manifestaciones culturales. Se creó el Ateneo del Norte y a éste
siguieron otros hechos perdurables. Allí están los frutos: la Casa
de la Cultura de Cúcuta, el Instituto de Cultura del Norte de Santander
y dentro de éste, la Escuela de Bellas Artes y el variable grupo de teatro.
Pero hubo más: los salones de arte, con la participación de los más notables pintores y escultores de Colombia; los concursos de poesía y cuento: la aparición de una generación regional de artistas visuales, de la cual quedan figuras realizadas y aún vigentes, el interés de las gentes por los actos programados. Cote
también atrajo hacia Cúcuta a destacados escritores, artistas, intelectuales.
Aquí vinieron, en diferentes ocasiones, Eduardo Carranza, Rafael Maya,
Gonzalo Arango, Eduardo Ramírez Villamizar, Hernando Valencía Goelkel,
Andrés Holguín, Jorge Eliécer Ruiz, Carlos Granada, Luciano
Jaramillo. Muchos más, involucrados en ese ideal de la cultura que se le
estaba metiendo a la región. En
la tertulia, en la conversación improvisada, en el espacio de su despacho
de funcionario, Cote Lamus mantenía prendida la llama de la poesía.
No la dejaba. Mostraba eufórico su poema "Estoraques", entonces
sin publicar y se sostenía, siempre en el recuerdo de sus autores preferidos
y en la relación de mucho de lo vivido al calor del trabajo de escritor. Dentro
de ese ambiente era abierto a la percepción de los hechos cotidianos. Se
bajaba al nivel que estuvieran para apreciarlos, asimilarlos, gozarlos o sufrirlos.
Eran materia propicia para su conocimiento o la recreación con destino
a su propia obra. La actitud poética de Cote frente a lo cotidiano no implicaba
rebusques desmesurados. Era humanamente normal. Tomaba los hechos con las palabras
descomplicadas que pudieran proyectarlos mejor, con sencillez que le imprimieran
transparencia y con espontaneidad para no alterar la identidad de los elementos
propios de cada acontecimiento. Así
le dio a Jacinto Hernández, "Sietemachos", la dimensión
de su condición popular pero caracterizada por unos rasgos particulares
que lo mostraban como personaje de excepción. Cote
veía en "Sietemachos" la caracterización de un juglar
vaganbundo, con aire de aventurero inofensivo, atraído por las novedades
que descubría día a día en un entorno diferente al de su
origen pamplonés, pero en lucha por conservar, al menos, parte de éste.
Lo apreció así y lo mantuvo en el inventario de los valores que
le proporcionaba el descubrimiento de la vida regional. Era parte de los recursos
que podían aproximarse a la poesía. En
el diario transcurrir de Cote Lamus contaba -y mucho- la política. En él
era un ejercicio apasionante y la vía a través de la cual vislumbraba
el poder. La
política con toda la parafernalia de las campañas, las confrontaciones
con los contrarios, los choques inevitables, los viajes a los lugares más
apartados tras la conquista de un elector o muchos partidarios. La política
con consignas, vivas, brindis con cualquier licor y en cualquier tienda rural,
borrachos ¡mpertinentes e incondicionales ofrecidos para lo que sea. La
política con discursos enardecedores o promeseros, algarabías de
multitudes más interesadas en el triunfo que en las tesis. Pero también
la política como programa, como compromiso social, como propuesta frente
a las necesidades y posibilidades de la sociedad. Como afirmación ideológica
y como acción solidaria con quienes sufren los vacíos de la justicia
y las laceraciones de la pobreza. Eduardo Cote Lamus vivió a todos esos
niveles de la cultura y de la política, afirmándose en sus convicciones
día tras día, lo cual permitió establecer unos espacios con
su propia poesía y con las iniciativas que dieron consistencia a la cultura
y a sus actos políticos. Fue
ganador en la poesía, en la cultura y la política. Esos triunfos
de su vida sobrevivieron a su muerte. Es lo evidente. LUIS
ROBERTO PARRA DELGADO Así corno desde su muy temprana edad reveló su marcada inclinación a la poesía, haciendo versos, participando en concursos, interviniendo en centros literarios y en la Academia de el Colegio Provincial de Pamplona, por esta misma época se puso en evidencia su vocación política. Corría la década de los 40 y tambaleaba lo que en su tiempo se denominó la República Liberal, El Doctor Alfonso López Pumarejo, elegido Presidente de la República por segunda vez en pugna con su contendor el Dr. Carlos Arango Velez, no resistía el empuje avasallador de ese formidable caudillo que fue el Dr. Laureano Gómez, para el momento jefe indiscutible del Partido Conservador. Cote, en quien confluyeron las dos corrientes tormentosas de los partidos políticos, ya que por el lado paterno su apellido estaba vinculado al de eminentes caudillos conservadores, y por el lado materno al de figuras muy prominentes del Liberalismo, se afilió desde un comienzo al Partido Conservador, y a su servicio se entrego por entero, dando de si todo cuanto era posible a su juventud apasionada y brillante. En esos primeros años se le vio constituyendo comandos de juventudes estudiantiles, de obreros, de campesinos, de mujeres, se le oyó dictar conferencias, hacer discursos como el de la recepción al Dr. Manuel Barrera Parra, cuando siendo Presidente del Directorio Nacional Conservador, visitó la ciudad de Pamplona luego de haber sido proclamada la Candidatura Presidencial del Dr. Mariano Ospina Pérez en la Convención del Teatro Colón de Bogotá. Al servicio de esa campaña se dedicó sin desvelo, hasta su culminación el 2 de mayo de 1945 con el triunfo de Ospina, candidato de Unión Nacional contra sus contendores del Partido liberal, los doctores Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán. La circunstancia anotada, le abrió a Cote amplios horizontes ya que la Presidencia del Dr. Ospina y el ascenso del Coniservatismo al poder coincidió con la terminación de su bachillerato en el año 46, y su viaje a Bogotá en donde al año siguiente inició sus estudios de Derecho en la Universidad Javeriana. A su llegada a la Capital se contacta con los altos circulos de la política, en particular se relaciona con Gilberto Alzate Avendaño a quien siguió hasta más allá de su muerte, luchando por la supervivencia de su movimiento político. Hace su ingreso como columnista del periódico ECO NACIONAL, el antecesor de DIARIO DE COLOMBIA desde el cual Alzate Avendaño libró sus más recias batallas. Con jóvenes de su generación se alista en el movimiento denominado REVOLUCION NACIONAL, cuyo objetivo estaba orientado a implantar desde el poder el pensamiento Bolivariano. Iniciado el año de 1948 continúa sus estudios de Derecho en la Universidad Externado de Colombia, viajando en 1950 a España. En 1.954 se traslada a Frankfurt como Cónsul Auxiliar de Colombia, regresando al país una vez derrocado el General Gustavo Rojas Pinilla. Con Gilberto Alzate Avendaño. Cástor Jaramillo Arrubla, Humberto Silva Valdivieso, Hernando Sorzano González, Aurelio Caicedo Ayerbe y varios otros, hace parte de lo que en su tiempo se denominó Conservatismo Independiente, en oposición al Laureanismo. Postulado candidato a la Cámara de Representantes, es elegido para el período 1958-1960. Al propio tiempo organiza en su Departamento con sus compañeros de lucha política el relevo generacional, enfrentándose al Dr. Lucio Pabón Núñez hasta entonces Jefe indiscutible e indiscutido del Conservatismo, habiendo sido ungido con la investidura de Senador en una pugna electoral muy aguerrida, para el período 62-66. Antes, precluido su período en la Cámara, se desempeñó como Secretario de Educación Departamental en los inicios del gobierno del Dr. Miguel García Herreros (1960- 1961). Es colaborador del Diario de Colombia, y en Cúcuta funda el Radioperiódico El Viento. y más tarde el semanario del mismo nombre, los cuales constituyen el medio de divulgación de sus ideas. Estos órganos de expresión perduran hasta su fallecimiento en 1964. La actividad parlamentaria de Cote, no estuvo signada por el silencio. Muy por el contrario, hubo de intervenir en debates de significación en donde brilló por su expresión, por su gesto de orador parlamentario, por el contenido de la exposición y la dialéctica en la argumentación. Un repaso de sus intervenciones nos acerca a esta faceta, por cierto no estudiada de Eduardo Cote. En
la sesión del 6 de Noviembre de 1958, cuando se discutía la tercera
acusación contra el General Rojas Pinilla por Abuso de Autoridad e Indignidad,
propuesta por el Representante Mario Latorre Rueda, fundamentada en la orden que
había dado el General Rojas Pinilla en su visita a la Isla de San Andrés,
para que se pusiera en libertad a cuatro detenidos, quienes habiendo cumplido
la pena, se encontraban en reclusión, pendientes de que la sentencia sufriera
el grado de Consulta. A propósito de la discusión de esta proposición,
Cote hace un detallado análisis de la gestión del General Rojas
Pinilla; se refiere al respaldo que él recibió en los inicios de
su mandato, de los errores en los cuales incurrió, de la defensa hecha
por la actitud que constituía objeto de la proposición de acusación,
hecha por el periódico El Tiempo y por personajes de la talla de Alejandro En
esta oportunidad su planteamiento sobre el Frente Civil, se desarrolla de manera
metódica y sistemática. En una extensa intervención trata
del 10 de mayo y sus antecedentes del Plebiscito o Fundamentación Teórica
de el Frente Civil: y, el funcionamiento de el Frente Civil dentro de el gobierno,
concluyendo: "Quiero manifestarque el Movimiento Independiente, es la expresión
de las masas populares del Partido Conservador. Aún más, que es
el vocero de una clase oprimida y de un País que está en estos momentos,
como lo estuvo antes, siendo presa de los intereses de algunos grupos oligárquicos..."
En la sesión del 3 de febrero de 1959, cuando se adelantaba la discusión
de una proposición sobre el alza de buses, manifestaba: "La
situación social creada por la crisis económica, la voracidad de
los capitalistas, y la continuación del mismo sistema implantado en el
País desde hace mucho tiempo, y desarrollado ahora, llevándolo a
las últimas consecuencias, con un régimen que es vocero únicamente
de las clases oligárquicas, hace indispensable que esta Corporación
tome conciencia de sí misma y se decida a afrontar los problemas, es decir.
que exija al Gobierno soluciones rápidas y eficaces a la situación
social que vive el País...". En
la misma sesión, vuelve a criticar la forma como se llevó a cabo
el Plebiscito, y la actitud asumida por el Dr. Laureano Gómez cuando apoyó
para el primer periodo la candidatura del Dr. Alberto Lleras Camargo. Decía
al respecto: "El Dr. Gómez para quitarse de encima la responsabilidad
de que echaran a los empleados conservadores de las posiciones burocráticas,
le dio el espaldarazo al candidato presidencial...". Cabe anotar que, a raíz
de la escogencia de candidato presidencial para el primer periodo del Frente Nacional,
el Dr. Gómez produjo una lista de candidatos, integrada por los senadores
y representantes conservadores en ese momento en ejercicio. Eduardo Cote, quien
apareclóen esalista, se apresuró, en carta dirigida al Dr. Gómez
que la prensa nacional publicó en su tiempo, a declinar esa nominación. En
otra parte de esta misma intervención, luego de reiterar sus críticas
al manejo económico dado por el Gobierno, concluye así: "Se ha dicho que los independientes son el antipartido. Vamos a continuar diciéndole al País que esta forma de abuso capitalista, propiciado por las clases oligárquicas de los partidos liberal y conservador, hará crisis de un momento a otro, y Dios quiera que encuentre alguna fuerza organizada. De ahí mi llamamiento a los hombres de izquierda para que en estas campañas nos unamos en contra de ese frente oligárquico y totalitario que está acabando fon el país y que está dirigiendo la economía de una manera nefanda...". En la sesión del 26 de febrero de 1959, con ocasión de la discusión de una proposición sobre el envió de una comisión de la Cámara a varias ciudades, con el objeto de estudiar sobre el terreno la causa de las Invasiones, Cote interviene para solidarizarse con la invasión al Barrio "San Luis" en el sector que vino a denominarse Barrio La Libertad de la ciudad de Cúcuta. En esa intervención decía, lo siguiente: "Refiriéndome al caso concreto de la invasión de San Luis en Cúcuta, manifiesto siguiente: la escasez de vivienda que en Cúcuta es alarmante, unos suburbios hechos de lata y que se alquilan a $20.00, $30.oo y $50.oo, dinero que algún capitalista de nombre extraño seguramente ha sido una de las causas por las cuales se ha hecho la invasión...". Como se recuerda, en este conflicto social intervinieron en favor de los menesterosos el primer Obispo de Cúcuta, Monseñor Luis Pérez Hernández. Habiendo citado al señor Ministro de Comunicaciones, para que informará sobre la posible venta de la Televisíón Colombiana en la sesión del 17 de marzo de 1959, analiza la vida cultural del País, argumenta que en Colombia se mueren más los alfabetas aumentan los analfabetas, sosteniendo que es al Estado y no a los particulares a quien corresponde llevar a la nación la cultura y la educación. Se refiere a la Televisión como monopolio del Estado en los paises avanzados de Europa en ese momento. Trata lo relacionado con los programas de tipo comercial y los de tipo cultural; destaca la labor cultural que en el momento cumple este órgano de divulgación. Se refiere a las redes Internacionales que pretenden controlar la Televisión en América Latina, el pago de la prensa nacional por parte de la industria y su inconveniencia, concluyendo en que la Televisión es un instrumento de cultura, que no debe ser privatizado. Sobre este mismo tema es importante destacar su ponencia para primer debate en el Senado de la República, al proyecto de Ley "Por el cual se dictan normas sobre el servicio de Telecomunicaciones y Radíodifusión y para la utilización del Espectro Electromagnético", la cual es como un complemento a su intervención sobre la privatización de la Televisora Nacional que ya se planteaba desde esos tiempos. A lo largo de esta exposición de motivos, se pone de presente el dominio de la materia tratada desde el punto de vista de la Televisión, las Telecomunicaciones y la Radiodifusión, como servicio público, y desde el referente a las modificaciones del proyecto original con la sustentación respectiva, ilustrada con el proceso histórico desde el año de 1936 y sus protagonistas, entre quienes destaca a Alfonso Aragón Quintero, Francisco Lemos Arboleda y Víctor Mosquera Chaux. El 3 de Agosto de 1959, inicia el debate sobre el Servicio de Inteligencia Colombiano, circunstancia que aprovecha para formular fuertes criticas a la Rehabilitación, Institución creada en esa época para atender a las personas que habiendo dejado las armas se las conocería hoy con el nombre de reincertados. El debate se centra en las torturas de que fue víctima el señor Luis Eduardo Otelo, líder sindical en lo que se llamó "la operación café tinto", a propósito de una huelga de servidores bancarios que se gestaba entonces. Con ocasión del traslado del Grupo Maza al municipio de Arboledas, interviene en la sesión del 26 de Agosto de 1959, para denunciar el peligro de alteración del orden público. En esta oportunidad formula graves acusaciones al Gobernador Carlos Vera Vlllamizar por este hecho, y por no hacer ninguna inversión en el Departamento, no obstante disponer de suficientes recursos. En este debate intervienen sus compañeros de bancada, los doctores Jacinto Rómulo Villamizar Betancurt y Luis Jesús Romero Peñaranda. El
3 de diciembre de 1959, cuando es citado el Ministro de Obras para que Informe
sobre la construcción de un tramo de la carretera Panamericana, hace la
crítica al proyecto por ausencia de presupuesto para la ejecución
de la obra, y formula severas críticas a la alianza del Laureanismo con
el partido liberal. Cúcuta,
Agosto 26 de 1994 Fuentes: VOLVER
A ÍNDICE
Eduardo
Cote Lamus: Un poeta de los años 50 Casi recién salido de su comarca de Cúcuta, dejaba ver el asombro de quien descubre el mundo. Pasaba las penurias económicas de los estudiantes e incurría en una bohemia que hizo su historia en el Madrid de entonces: aun hoy hay quienes recuerdan su asombro cuando supo que una copa de brandy valía apenas dos pesetas y decidió comprar todas las existencias del bar donde se encontraba, lo hizo cerrar y con los desconocidos parroquianos que allí había se lo bebió, gastándose así los viáticos que su padre le había dado para los primeros meses en el exterior. Enamoradizo, escribía apasionados versos de amor que publicó en 1953 con el título de Salvación del recuerdo. Estudiaba y eran frecuentes sus visitas a la calle Wellingtonia 3 para ver a Vicente Aleixandre; allí, en ese jardín arbolado donde acostumbraba a recibir el poeta español, muchas tardes Cote, deslumbrado por la admiración y conquistado por la amistad generosa que Aleixandre le ofrecía, charló con él de poesía y estas charlas dejarían una huella en la suya, como ya ha sido señalado oportunamente por sus críticos. En esta época hace también amistad con Hernando Valencia Goelkel, con quien más tarde formaría grupo generacional en compañía de Gaitán Duran, Jorge Eliécer Ruiz y Pedro Gómez Valderrama, entre otros, alrededor de la revista "Mito".
En el año 54 es nombrado cónsul en Frankfurt y allí concluye
un libro que había comenzado a escribir tres años atrás;
tiene ya 26 años, edad que en su apretado proceso poético equivale
a décadas de experiencia. Ese libro, titulado Los Sueños,
representa el primero de importancia de los cinco que en total constituyen su
obra. En Los sueños comienzan a esbozarse las líneas de su
poesía futura: es un libro denso y un tanto hermético, en el que
la exaltación de sus vivencias personales ha sido dejada a un lado para
abrir paso a un ejercicio de carácter reflexivo, con el que intenta ya
elaborar claves o símbolos, más que narrar anécdotas personales.
Tal vez su vida en Alemania le ha hecho cambiar de hemisferio cultural y su contacto
con otras literaturas comienza a alejarlo de sus influencias primeras. Hernando
Valencia Goelkel escribió como prólogo al último libro de
Cote, Estoraques, un inteligente análisis de toda su poesía
y en él señala dos aspectos que son importantes de recordar. El
primero tiene que ver con la coherencia que muestra la obra de Cote: se advierte
en ella un claro proceso evolutivo hacia la madurez, "un progreso reflexivo
y consciente -escribe Valencia- sustentado al parecer, en negociaciones: el poeta
busca empobrecerse de cuanto no resulta primordial, de todas las riquezas que
comienzan a volverse espúreas e inimportantes". Y, como segundo punto,
en sus obras posteriores a Los sueños, es decir en La vida cotidiana
(1959) y en Estoraques (1963), logrará conciliar, anota también
Valencia, los elementos de sus primeros libros, o sea: lo concreto y lo anecdótico,
con lo abstracto y grave que predomina en Los sueños. Tengo personalmente gran afecto por este libro de Cote. Aunque es innegable que el más notable es La vida cotidiana, en el que prevalece esa característica de conciliación anotada por Valencia Goelkel, característica que en últimas constituye su aporte personalísimo a nuestra poesía. En Estoraques, a mi parecer, regresa al sobrio hermetismo de Los sueños, pero de otra manera: hay una mayor sabiduría expresiva y una coherencia conceptual deliberada para dar a ese gran poema resonancias de envergadura épica. He
hablado de sobriedad y es esta tal vez la gran lección que da Cote Lamus.
En ese proceso hacia el ascetismo que describe Valencia Goelkel, es fácil
advertir cómo llega finalmente a la necesidad de pesar y medir cada palabra
hasta volverla insustituible en el poema. Y esto es tan cierto que, para probarlo,
no habría más que señalar cómo el adjetivo va perdiendo
importancia y en algunos momentos incluso desaparece. Tal vez la única atadura que mantiene con el "piedracielismo" es el gusto marcado por la metáfora. La aceptación de tal herencia es más que natural, pues uno de los aportes de este movimiento desde el punto de vista formal -como lo anotó en su momento Gaitán Duran- está en haber incorporado a la poesía colombiana los hallazgos de los poetas del "27" español, del "creacionismo" y de la "vanguardia" en general. En cuanto a la renovación de la metáfora, con ésta como asociación ilógica, desconcertada del rigor conceptual. Sin embargo, en Cote, claramente influido por los poetas del "27" español, que a su vez al "descubrir" a Góngora tomaron de él el manejo de la metáfora, ésta es con bastante frecuencia de características culteranas, en lo cual no incurrieron los "piedraclelistas". Y
si es cierto, como pienso, que Cote representa la ruptura definitiva con "Piedra
y Cielo", vendría a ser el poeta por excelencia de los años
50. No creo que resulte casual que hubiera publicado cuatro de su libros durante
esa década y que entre el primero y el último medien apenas 13 años:
esto quiere decir, sencillamente, que toda su obra, desde su época primeriza
hasta su meteórica madurez, está concebida y escrita en el ámbito
histórico de esa década decisiva para la vida colombiana, decisiva
porque como sabemos, marca una ruptura total con el país que se vivía
hasta entonces. Y Cote Lamus, desde el territorio poético, registra esa
ruptura en forma tan tajante como la que se produjo en los otros niveles de la
vida nacional. ¿Cómo
lo registra? Ese es otro cantar. Ya se ha escrito suficiente y muy superficialmente
sobre el presunto escapismo del grupo de intelectuales de "Mito". En
ese sentido la madurez está, sin duda alguna, en comprender que el poeta
busca fines diferentes y utiliza herramientas distintas a las del historiador,
el periodista o el político. Su trabajo es a otro nivel, y su compromiso
está en crear para su realidad una dimensión, un espacio poético,
inteligente y valioso dentro de la literatura. Y si lo logra, su realidad pasa
a convertirse en la realidad de todos. Y en este sentido Eduardo Cote cumplió
su obra. Por eso lo leemos y lo recordamos hoy, cuando se cumplen 30 años
de su muerte. MATEO
CARDONA VALLEJO Eduardo
Cote Lamus (1928-1964) dejó, en su obra literaria, numerosas pruebas de
esto que Jorge Gaitán Durán llamó "pasión por
la realidad". La lectura de sus volúmenes muestra un largo proceso
de depuración, que culmina en Estoraques (1963) tras pasar por sucesivas
etapas de despojamiento formal. La crítica ha subrayado a menudo cómo
en sus inicios -los de Preparación para la muerte (1950) y Salvación
del recuerdo (1953)- su poesía tendía a la confesión
y el sentimentalismo, rasgos que a nuestro juicio expresan la lucha del poeta
contra la tradición retórica de la lírica colombiana e hispánica
en general. Ya en su segundo libro, sin embargo, se entrevé el derrotero
de su poesía posterior a través de la búsqueda de la objetividad
poética, la economía de recursos, un acendrado idealismo humano
y, a contra-corriente, una oscura intuición de la muerte. Entre esta primera
etapa y la consagración de Estoraques dejó dos libros que
dan fe de la transición que se operaba en su sensibilidad: Los sueños
(1956) y La vida cotidiana (1959), donde prima el elemento coloquial y
narrativo. En el intervalo entre uno y otro, sin embargo, escribió su poco
conocido Diario del Alto San Juan y del Atrato (1958), que es el que nos
ocupa. Hoy
en día aun es posible recorrer el mismo itinerario de Cote por el Chocó.
Nada ha cambiado, a no ser por la desaparición de la Chocó Pacífico,
cuyas dragas y edificaciones, abandonadas hace tiempo, van siendo lentamente digeridas
y asimiladas por la selva en su labor reparadora. La Tierra paciente castiga así
a quienes pretenden saquear sus visceras minerales: sin alardes, ni afanes, ni
ruidos: tan solo con el murmullo que producen los brotes de las trepadoras al
desplegarse. Cuando se entra al Chocó, los hijos de los personajes del
diario de Cote le salen a uno al encuentro, repitiendo los mismos gestos y palabras
que encantaron en sus días al poeta. Asomarse a la piel de sus ríos
intentando descubrir en el propio rostro un rasgo que lo diferencie de los rostros
de otros Heráclitos y Budas, puede servir para cartograflar los pasos que
llevaron a Cote de la introspección a la visión del hombre común
abocado a la muerte. Su pasión por el paisaje, dramáticamente expresada
en su visión de los estoraques nortesantandereanos, encuentra aquí
su origen; si allá es el viento el que trae la muerte y la derrota, la
aniquilación de toda plenitud pasada ("En llamas la ciudad y ardiente
viento / recorre encloquecido los recintos, / casas de citas, antiguos almacenes
/ de amor. fuego encendido, turbio fuego / que a los muertos abrasa frente a frente
/ a la muerte. "). aqui es la lluvia y el trueno dando y quitando la vida: La lluvia del Chocó no se parece en nada a la lluvia civilizada de las Españas: cala los huesos, desoladora, revelándole a los hombres su infinita impotencia. Cote llega al Chocó a descubrir el elemento acuático, del que derivan sus tres cuartas partes. Humedad atmosférica, lluvias, ríos: el agua reina en estas selvas. El 12 de sepliembre, a propósito del San Juan, anota en su diario: "El río es mil veces un arco. Porque el río no es solo el andar, el oro del fondo, el platino del subfondo, el verde compacto de las riberas: es el rey de la selva. Y sabe comportarse según su rango" El San Juan se metaforsea en un negro ebrio que se dispone a dar rienda suelta a toda su insatisfacción, a soltar el dique de una paciencia sostenida por siglos: "Y el río San Juan no huye sino permanece: es el animal más grande de la selva". El hombre que se balancea sobre sus lomos no es más que un insecto, grande si es observado en el microscopio. las córneas amarillentas de este negro borracho poco han sido formadas en la clemencia: miran a los blancos con reservas. Cote
se estrelló con la realidad humana del Chocó ese mismo 12 de septiembre,
en Andagoya, mientras soportaba el espectáculo de una sociedad segregada
según el modelo de Mobile, Atlanta o Balón Rouge: "La Andagoya gringa, la del Staf de blancos colombianos, la de la élite negra y la de los negros de verdad, es decir, la explotada, es un conglomerado extraño donde se encuentran diferenciadas también las debilidades humanas: a los unos no les importa sino sacar oro y platino, pagar sueldos de hambre y explotar más: a los otros les interesa estar bien con los yankees, odiar a los negros, ser áulicos de los extranjeros y vivir cómodos; los "negros de la clase A" saben bien que tienen preeminencia y son cuidadosos en los juicios sobre la Compañía, sobre el trabajo, muy cautos; los que viven en el otro lado, si bien son más alegres, debido a la explotación que han sufrido desde hace muchas generaciones, al abandono del gobierno central, tienen algo de resentimiento, resentimiento que se borra cuando se habla con ellos como iguales, cuando se les da la razón, cuando no importa que uno sea blanco y ellos negros como las palabras". Pero
no debe creerse, por este intento de radiografía social de Andagoya, que
el poeta Cote andaba por el Chocó intentando sociologismos. El conocimiento
poético es de otro orden: se preocupa por la verdad más acá
de las teorías, y tan solo puede acordarle cierta preeminencia a la percepción
sensorial, con todo lo ilusorio que ella pueda comportar. Prueba de ello es la
anotación que Eduardo Cote hace de su primer encuentro con el doctor Fresnedo,
alcalde de Condoto: En
el Chocó que percibe Cote las sombras pueden proyectarse, en pleno día,
hacia arriba ¿Efecto de un sol peculiar que en esas latitudes alumbra desde
el nadir, o grave proyección de la dignidad de tan alto funcionario? ¿Quién
puede saberlo? ¿Es un sombrero prenda, o atributo? Resulta difícil
establecerlo, pero lo cierto es que en el Diario hay una aproximación al
distanciamiento de la realidad de la que sólo puede responsabilizarse a
un poeta perdido en selva. Este, que es un tópico recurrente en nuestra
literatura -piénsese en el ascenso de Efraín por el río Dagua
en"Maria", o en los delirios febriles del Arturo Cova de "La Vorágine",
se transforma radicalmente en el Diario, en virtud de que su protagonista no es
ya el romántico rentado a la naturaleza cuanto un observador esencialmente
objetivo, atento a descubrir la veta de verdad poética que subyace al ámbito
selvático, no ya hostil sino humanizado, empobrecido en el comercio con
los hombres: A
lo largo de las páginas del Diario éstos y otros prodigios crean
una atmósfera suprarreal donde los personajes transitan en un continuo
desfile, aparecen fugazmente para perderse de nuevo en la barabúnda de
una enorme fiesta sin tiempo ni lindero, esencialmente idéntica en Andagoya
o Condoto, en Cértegui, en Beté, en Nóvita o en Tadó,
y repetida en la otra fiesta, la de las palabras en la prosa de Cote, negras bailando
al compás de tambores africanos. Al encuentro con el agua sucede el encuentro
con la tierra.
"Al mirar la canoa que venia en dirección contraria a la nuestra y
por la opuesta ribera, no se sabía a ciencia cierta quién iba, si
los árboles del lado o la embarcación. Eran uno solo". (...) En
el tiempo de la selva la canoa vuelve a convertirse en árbol, nunca ha
dejado de serlo. Lo natural y lo humano aquí no están opuestos:
forman una unidad indivisible y diversa, como en este "diálogo de
Tagachi": -Y
usted qué hace? La
compenetración del propio poeta con esta tierra también ha de rendir
frutos. Cote nos cuenta cómo las gentes y ritmos del Chocó le trajeron
al espíritu unos versos de Góngora -"se quejaba al ronco son
/ del remo y de la cadena"- y súbitamente abandona la prosa para improvisar
coplas, versos chocoanos que en nada recuerdan los de Los sueños
pero que acaso presagian el tono coloquial de La vida cotidiana El
día se pierde en la selva, Descendiendo hacia las bocas del Atrato, en pleno Golfo de Urabá, el poeta reconoce en el transcurrir unívoco e inevitable del agua, en los innumerables ríos y caños que confluyen para desembocar juntos en el mar, otra imagen del ciclo vida-muerte. En cercanías del océano la naturaleza se transfigura y hasta la lluvia, que más al sur es siempre torrencial, en esta latitud es reemplazada por las secas tormentas de relámpagos del Darién, que iluminan en el cielo del Golfo un día mentido a la medianoche. Llegó al final la comisión a la tristísima ciudad de Turbo, "especie de arrabal medelllnense" según palabras de Cote Lamus, donde "un busto, de don Gonzalo Mejía, Increíblemente cursi, señala con el brazo el barrio de tolerancia". Nada más alejado de la legendaria ciudad de Santa María la Antigua, enterrada bajo siglos de follaje entreveramiento de raices y lianas. Comarca de piratas, prófugos y contrabandistas, el extremo norte del Chocó posee, en las páginas finales del Diario, el relente de la muerte, del final del viaje. El poeta adquiere conciencia plena del destino de los hombres y la tierra, y en el apego a la vida imagina en la construcción del canal Atrato-Truandó la redención de toda la miseria, sin sospechar siquiera que treinta y cinco años más tarde muchos chocoanos, y muchos colombianos de todas la razas y regiones, se opondrán a una empresa que amenaza exterminar una de las selvas más frágiles del mundo, milenarias culturas indígenas y entregar soberanía nacional al eterno intruso a cambio de unas dádivas dudosas. Porque, ¿puede acaso llevarse el progreso a un pueblo sin privarlo de su dignidad? ¿Es peor la miseria atávica que la que se vive bajo la férula del capataz extranjero? ¿Real el progreso a ese precio? No corresponde a los poetas absolver estas incógnitas. Ellos tan solo se ocupan de restaurar el diálogo entre el individuo histórico y el eterno humano. Lo suyo es la fiesta, el amor y sus epifanías, así la muerte dibuje visajes tras del velo. El poeta, como el místico, el loco o el niño, vive un eterno presente y, por preservarlo, es capaz de darlo todo, incluso su arte y su propia vida. Seguir, a través del Diario el itinerario de Cote Lamus por los ríos y las selvas del Chocó, internarse en sus honduras sin mediación de libro alguno, es participar del festín de los sentidos al que el poeta nos ha invitado. Que se apresuren, pues, los viajeros: ojalá lleguen al Chocó con la misma respetuosa veneración de Cote Lamus quien, al termino de su viaje, descubrió que desde siempre había amado estas tierras. Dicen los renglones finales de] Diario: "Yo
comencé a amar el Chocó cuando niño, al dibujar un mapa de
Colombia. El lápiz iba subiendo desde el sur en la frontera ecuatoriana
e iba poniendo límite al mar, recogía la desembocadura de los ríos,
pintaba las ensenadas, la rosa abierta de los deltas del San Juan y del Baudó,
las bahías: la de Catripe, la de Cuvita, la de Birudó; le robaba
al Pacífico espacio para dejar listo al Cabo Corrientes con el pico de
Arusi encima en el que culmina la serranía del Cugucho; devolvía
el lápiz y pintaba islas, los pequeños morros, el geme de la mano
que comienza en la Bahía de Utría y termina, en la de Solano, después
de haber hecho un círculo con el nombre de Nuquí; y así,
litoral arriba hasta llegar a Panamá. Cuando ya estaba el mapa listo comenzaba
con los ríos; por abajo el San Juan y el Baudó, por arriba el Atrato
y sus cientos de afluentes; las escasas serranías, los pueblos lejanos
casi todos terminados en dó. Después pintaba dos barcos por saber
que allí" quedaba el mar: uno grande en el Pacífico y otro
más pequeño en el Golfo de Urabá. Como la imaginación
no me faltaba, dibujé la unión de los océanos por el paso
del Truandó. Cuando ya el mapa estaba listo lo miraba desde lejos y me
parecía una muchacha. Y pensaba que los ríos, esos de nombres tan
sonoros, no eran la realidad. Veinte años después he comprobado
que el Chocó es u n cuerpo de negro lanceado por las armas fluviales de
las lluvias y los ríos. desnutrido, abandonado a las enfermedades y a las
plagas, tragado por la selva y la codicia y bajo el duro sol". "Tierra idílica; pero también tierra torturada, como las espaldas de los peones de estiba en el puerto de Turbo. Igual que en los Estoraques, "aquí ya sucedió el juicio final". Quién iba a pensar que algún día la suerte de la nación entera se jugaría y perdería en estos parajes, cuando en virtud de un tratado entre los Estados Unidos y Panamá se haría necesaria la construcción del canal Atrato-Truandó- Aquí ya sucedió el juicio final: el país está en venta. No lo saben los ríos, ni las selvas, ni el autor del Diario. Tan solo el pueblo Emberá, empeñado en detener las obras de la carretera al mar que habrá de facilitar los desembarcos, comprende cabalmente la magnitud del desastre que se avecina. Pero, ¿quién los va a tener en cuenta, quién atenderá sus reclamos? Ellos son los verdaderos "testigos de lenguas cortadas / por las espadas de los angeles". Los blancos ángeles que descienden del altiplano a bordo de sus plateados helicópteros, pues hace ya tiempo que las comisiones gubernamentales dejaron las canoas. El Diario del Alto San Juan y del Atrato no es solamente una curiosidad en la obra de Eduardo Cote Lamus. Además de constituir un compendio de las impresiones del poeta en su viaje, posee un valor documental insoslayable, aunque sea para determinar que en cuarenta años las condiciones de vida de los chocoanos no han cambiado mayormente. Su
mérito principal, con todo, sigue siendo intrínsecamente literario
y poético: en el Diario, Cote Lamus lleva hasta sus últimas consecuencias
el ideario con que se presentaba, en mayo de 1955, el primer número de
"Mito": "Las palabras están en situación. Sería vano exigirles una posición univoca, ideal. Nos interesa apenas que sean honestas con el medio donde vegetan penosamente o se expanden, triunfales. Nos interesa que sean responsables. Pero de por sí esta lealtad fundamental implica un más vasto horizonte: el reino de los significados morales. Para aceptarlas en su ambigüedad, necesitamos que las palabras sean". Toda poética cojea si no reposa en una ética. La ética contenida en El Diario es poética en el asombro, la lucidez y la objetividad.
COTE
LAMUS, Eduardo: Obra literaria. Bogotá, Colcultura, 1976. Eduardo
Cote Lamus: Lo excepcional I La Imagen de Eduardo Cote Lamus que ha perdurado privilegia la alegría, la vivacidad interior, la franqueza de la conciencia de la vida y del designio que el hombre -el poeta, el intelectual, en su caso - ejecuta al vivirla. Los actos básicos del periplo de Cote Lamus pueden resumirse así: santandereano (del Norte), abogado, asociado a los Cuadernícolas, extranjero en España, diplomático en Alemania (educándose para la poesía), político (senador y gobernador de su departamento) autor de los libros Preparación para la muerte, Salvación del recuerdo, Los sueños, Diario del Alto San Juan y del Atrato, La vida cotidiana, y Estoraques. Indudablemente lo esencial de sus trabajos concierne a la literatura. Al explicar el proyecto, la obra de los escritores, pintores, políticos, músicos, cinematografistas, que comenzaron su labor alrededor de 1950, los conocedores mencionan cuestiones como estas: ese grupo (a él pertenece Cote Lamus, que escribió lo central de su obra entre 1950 y 1963) independizó la literatura, le otorgó una autonomía desconocida hasta entonces en Colombia, mediante la ilustración y la formación para la vocación estética; entendió que la justicia de la obra poética concierne a su belleza, a su perfección en la representación de la realidad (significado del conocimiento y cu¡dado de la estilización). Memorable es, también, la exigencia de modernización de la tradición: la traducción y divulgación de la poesía, narrativa, filosofía, historia, críticas de libros y de cine que actualizaron la biblioteca colombiana (Mito), Por último, la certidumbre -vivida, practicada- de que la vida literaria, la educación, el hombre que se ilustra cumple una misión, debe ejecutar una labor; vale decir que un escritor o un hombre ilustrado corresponden a un destino (moral, estético, político, religioso, social). Como es de conocimiento público, esos atributos de época de personas, de individuo han dado obras como la del autor que ocasiona estas páginas, la narrativa de Gabriel García Márquez, la obra de Jorge Gaitán Durán, la crítica literaria de Hernando Valencia Goelkel, el cine de Francisco Norden, la crítica pictórica de Marta Traba, la pintura de Alejandro Obregón, el teatro de Enrique Buenaventura, la rara poesía de Alvaro Mutis, etc. II Eduardo Cote Lamus escribió sus primeros poemas en Colombia. Viajó a España en los cincuentas. La convivencia con los poetas contemporáneos españoles, un apasionado amor por la poesía del grupo de 1927, fecundó la vocación, educó al poeta (conocimiento de los temas esenciales, conocimiento de los procedimientos toponímicos). Su libro Salvación del recuerdo ganó el premio José Janes en el país mencionado. La educación de Cote Lamus se completó en Alemania, donde desempeñó un cargo diplomático. Pero la formación de Cote, su verdadero arte de poeta se realizó en el libro titulado Los sueños (1956), un libro escrito en España. Se trata de un conjunto de espléndida intensidad, de múltiple significado. ¿Por qué? Los sueños es un libro de vasto nombrar (los temas esencialesde la poesía -el amor, la muerte, el sueño, el tiempo, la infancia, la memoria, etc.,- visitan estos poemas); la concentración del verso, la pericia para la síntesis, la brevedad admirable (cada poema es algo concluido, casi perfecto y bello); la experiencia o el poder del español, su riqueza metafórica, una reticente posibilidad de decirlo todo... A Los sueños se les ha criticado su sentimiento de lo abstracto. Son sus poemas textos en los que la violencia de la síntesis y la precisión de la metáfora, de la imagen, del sintagma poético alejan del hombre, de los objetos, distancian al lector. Hernando Valencia Goelkel, María Mercedes Carranza, Guillermo Alberto Arévalo y Jaime García Mafla comparten la opinión acerca de la belleza de Los sueños. Arévalo, en su prólogo a la edición de la obra de Cote por Colcultura, impugna el carácter abstracto del libro. Es importante indicar que la madurez que Cote Lamus alcanza en este libro preconiza sus dos poemarios mayores: La vida cotidiana y Estoraques. III El epígrafe de La vida cotidiana es de un singular, ¿olvidado?, poeta francés: Jules Laforgue. Es este uno de los libros, más valientes, solitarios, de la poesía colombiana. Por estas razones: Cote abre el poema, amplía los temas, acrece las posibilidades del idioma. Damos en la colección con poemas que admiten más que equivocaciones o composiciones, situaciones, sucederes, acciones, hechos de vida, Valencia Goelkel escribe sobre esta cualidad de La vida cotidiana: "La poesía de Cote es incomprensible para quien no quiera entender esta deliberada impregnación en lo anecdótico". Añade el mismo escritor que "Cuando hablo qué hay anécdota en la poesía de Cote Lamus me refiero: a) a una experiencia concreta: b) a su metamorfosis poética". Los ejemplos acostumbrados, para identificar los atributos mencionados, son los poemas-elegias al padre del poeta, el que versa sobre José Asunción Silva, el titulado "Meditación de otoño". el titulado "Hogar modelo", el que lleva nombre en alemán, "An der Gewesenhcít". Cote Lamus evita lo abstracto, deja la severa síntesis y compone en La vida cotidiana un verso largo, narrativo, en el cual el lenguaje se llena de realidad, el verso se enriquece sintácticamente y el sentido del poema se ahonda, se hace complejo, pleno de encanto por efecto de lo "anecdótico". En su excelente ensayo sobre el libro, Hernando Valencia Goelkel lo dice con autoridad: "En casi todo el libro. Cote Larnus habla con la certeza proverbial del vate, con la claridad misteriosa que quizás no tenía tanto misterio: es una meditación, una reflexión sobre su materia: el mundo, el tiempo, la palabra". Desde luego, la afirmación de que la poesía de Eduardo Cote Lamus deviene madura por medio de un largo camino de educación y de perfeccionamiento del arte del poeta, es verdadera. A la trayectoria de Cote se le señalan precursores indispensables: T-S.Eliot, Bertold Brecht, Antonio Machado, Vicente Aleixandre entre otros... y su obra alcanza una exigente identidad, una nerviosa belleza en su libro final: Estoraques. Un extenso poema en el cual el devenir del poeta, su tributo a la tradición del siglo XX, es "estricto". IV Una "estimativa" aproximada de la obra de Eduardo Cote Lamus se puede fundar en la explicación, en el estudio de su palabra, de su verso, de su manejo del idioma. Sin embargo, acaso el mejor crítico de su poesía, Hernando Valencia Goelkel, fundamenta en dos razones el valor de aquella:"Una, el carácter exigente, de la comunicación lírica. No voy a pretender que la relación entre poesía y lector debe establecerse como si el poema fuera algo totalmente cerrado y concluso, y el lector una conciencia tan solo. una subjetividad pura. Pero sí que la lírica ofrece muy pocas mediaciones, muy escasas aproximaciones. No hay instancias sociales a las cuales acudir: no hay tampoco instancias conceptuales: en rigor, no existe una "poética" aplicable a la linea. Son pocos los instrumentos de que el lector dispone para juzgar o para escoger; además, tiene que hacerlo, y es bien sabido que pocas cosas hay que susciten tanto rencor como la necesidad de la elección, de la escogencia personal. "La segunda razón sería la de que la lírica es un género crepuscular. No se trata, insisto, de una autonomía integral por medio de la cual sólo en si misma se hallaran las claves, los signos, los sentidos. No; la lírica también, como la novela y el teatro, nos refiere a un mundo. Sólo que se trata siempre de un mundo caduco. Cuando la lírica trasmuta poéticamente las ideas, las costumbres, las creencias, los afanes de una sociedad, de un periodo (y toda gran lírica los hace siempre), es porque este repertorio está expirando. La poesía hace entonces un enorme esfuerzo de intelección, un trabajo de síntesis desmesurado, para decir: todo esto fue. El gran poeta nos habla siempre de algo que concluye; algo se estaba muriendo en Manrique, en Garcilaso, en Quevedo, en Espronceda, en Machado" ... FERNANDO
CHARRY LARA Alguna poesía muestra su sigilo más característico en la gravedad de la palabra que lucha, desde oscura fuente interior, por manifestarse en desnudez y sugestión originales. La gravedad: no el fulgor o la riqueza. Alcanzábamos a percibir la fatiga a que conduce la obra poética cuando el vocablo luce solamente como recurso decorativo. Una intención más sutil e inquietante es la que esperamos encontrar en ella. Cuando apenas es balbuceo, por insuficiencia, o cuando se pierde en derroche verbal, por desenfreno, permanecemos impasibles a su llamado. La poesía de Eduardo Cote Lamus (1928-1964), en la que el lucimiento de fortunas verbales insinuaría la posibilidad de que su autor hubiese sido tentado a recrearse en ellas con demasía, es ejemplo por contraste, de cómo el lenguaje constituye arma eficaz cuando responde fielmente a una voluntad de expresión. Se podría decir de Cote. tentado por diversas maneras y por temas disimiles, que llegó a conquistar una lengua poética propia. La evolución de sus poemas da asidero para mantenemos en esta suposición. Después de Salvación del Recuerdo, distinguido en España con el "Premio de Poesía a la Joven Literatura" en 1951, dio a conocer en 1956 otro libro: Los sueños. Al comentar esta última colección. Ramón de Zubiría insistió en el dominio intelectual que el autor quería imprimir a sus poemas. Se refirió a su simbolismo, a sus abstracciones, a los consiguientes escollos que su complejidad podría acarrear al lector. Señaló el "marcado carácter conceptual de esta poesia, escrita más a la altura de la inteligencia que de la sensibilidad". Desde el enamoramiento adolescente de sus primeros versos, fue esa poesía prolongándose en el tono de meditación lírica que era ya el de Los sueños y que va a ser el de los siguientes volúmenes: La vida cotidiana, de 1959, y Estoraques, de 1963. Esta sucesión puso de presente la manera como sus poemas se iban depurando hasta lograr una intensidad y una madurez cada vez más en ascenso, trunca fatalmente con la muerte temprana del poeta. Estudiosos de la poesía colombiana (como Hernando Valencia Goelkel, Eduardo Camacho Guizado, Jaime García Mafla y Guillermo Alberto Arévalo) han destacado ejemplarmente diferentes aspectos en la de Eduardo Cote y, en particular, en su última etapa. La presente alusión quisiera limitarse, marginalmente, a uno que con ellos se relaciona. Existió, en esos finales poemas, una lucha perceptible entre el lenguaje que pudiera tomarse por espontáneo o coloquial y el que debe su origen a la tradición literaria o a los prejuicios sobre la locución poética. Si no queremos hablar de la duda que, de seguro, vivió entre una u otra manera de manifestarse. Pero si existe, como creemos, algún problema que Cote se hubiera propuesto confrontar en esos poemas es el de que reflejasen la poesía de la vida cotidiana en voces cotidianas o, por el contrario, el de presentarla con cierto hermetismo que, si no le era de toda su predilección, tampoco quiso tomarlo como extraño. O acaso la cuestión pudo parecerle otra: fundir la intuición y el pensamiento poético, por intrincados que fuesen, con el habla corriente. En todo caso, la entonación natural que consiguió para su verso le fue fruto, tanto como la simbólica o abstracta, de una elaboración minuciosa hasta conseguir con ella el equilibrio que deseaba para aquel entrelazado tono suyo de ensimismamiento y vivacidad: Es
que algo sucede bajo la lluvia. He
aquí mis hombros donde el aire pesa
Pienso en la certeza de la frase úllima. Y la pienso, si escrita por un poeta como él. exenta de toda vanidad. JAIME
GARCIA MAFFLA Porque
él era en la culpa su condena. Eduardo Colé Lamus Y
en el tránsito llega la condena: Entonces,
son la caída y la condena las que dan forma al canto: Por
esta senda de expiación que da en el poema "El Milagro", todo
ha de ir a lo interior: será un lento trabajo de introspección y
duelo, una aventura casi alucinada y un escenario triste por el que van pasando
las figuras del mundo, las sombras de los seres, las formas de las cosas, los
instanles. los actos... El
poema, luego de la invocación y la alusión al sufrimiento de quien
escribe y vive, se abre con el espectáculo de una procesión, en
medio de la cual ha de venir el pensamiento sobre la propia vida: es un paisaje
humano hecho de oscuridad y de miseria, desolación y dolor. Se trata de
un bellísimo pasaje que hay que transcribir para dar el aliento general
de los versos: De aquí, lo más valioso acaso sea lo no pronunciado, lo que queda en silencio, el dolor que no logra trascender ni ser comunicado. Estarán lo interior y lo real en medio de los cuales se ha de dar la agonía: la realidad y la interioridad como opuestos que sin embargo no pueden evitarse, y sólo en su conciliación ha de darse el suceso de la vida. Hay
también que decir que "El milagro" anuncia los motivos centrales
de los dos siguientes libros de Eduardo Cote Lamus: La vida cotidiana y
Estoraques, donde aborda la vida de los hombres en el mundo y en la historia,
conservando invariablemente el círculo último de la interioridad
en soledad. Pero "El Milagro" es una plegaria. De
juera vengo, fuera voy, no salgo. Algunos
la llamaron Medianera El
poema es un voto y un llamado que se devuelven hacia la propia angustia, un regreso
un exilio: es una peregrinación. Hace alusión a un volver de la
luz, y las nociones de luz y de sombra son capitales en Los sueños,
porque expresan la dirección de la interioridad solitaria según
esté vuelta hacia la realidad o hacía si misma, y en el poema hablan
del afán de un corazón que pide y le es negado o se niega así
mismo: la luz es armonía con el mundo, y el hallazgo de lo interior es
rompimiento de esa armonía. Así habla de los sueños como
de una prisión. En últimas, de lo que se trata es del sujeto y del
mundo, de su yo y de las cosas, de la agonía y la vida. Estar dentro de
sí no significa romper con e! mundo, pero sí que en el mundo la
propia alma no encuentra respuesta, siendo que lo que vale es el ansia de ser
en ese mundo. Pero la propia vida y la propia conciencia se lo impiden. ¿Qué
son la culpa y la condena? Parece que el milagro es seguir en la vida, cuando
todo en el propio interior conspira contra ella: Vuelvo
de la luz pero la luz tiene Habla también de la derrota. El motivo del poema consiste en que la angustia del corazón y del anhelo no encuentra respuesta en el mundo de los otros, aunque no por ellos sino por el corazón mismo, y en que, como una exigencia, el propio existir se propone como un hacer y actuar en la vida de todos. Asi, este faltar del aire. del aliento, es la expresión de un estado límite, del estadio final de una zozobra en medio de la cual sobreviene la pregunta por el hecho mismo de existir, pregunta que, por este rompimiento frente a la realidad de todos, se hace parte de la vida y para la cual no se espera una respuesta sino se formula nada más como expresión de esa zozobra. Una
pregunta, sólo una pregunta: En
la infancia soñaba con viajar: El
todo es esperar cuando se han hecho Yerma
la noche, yermo el día, yermo "El Milagro" es un poema entre narrativo y reflexivo; es una historia en la que el protagonista habla de su caída y de su sueño en un isntante último, cuando se mira en medio del presagio del fin. El
tiempo, del que tanto hablaba en sus versos, ha terminado por hacer justicia a
Cote. Le ha otorgado el respeto de los Nortesantandereanos y el lugar que le corresponde
en el panorama de la Literatura Nacional. Extraña
personalidad la suya. Alternaba la política con la literatura y las dos
cosas con una pasión desenfrenada de vivir. La fuerza de su poesía
radica precisamente ahí. Su itinerario político y literario estuvo siempre orientado hacia el acierto. No se contentaba con lo ya adquirido, quería superarlo todo. Era un hombre en permanente ascenso: Diplomático, Secretario de Educación, Parlamentario y Gobernador de su Departamento, la muerte lo sorprendió cuando el Presidente Valencia lo acababa de llamar a ocupar un ministerio. Igual
cosa sucedió con su quehacer estético: Su obra es el resultado de
un trabajo intenso. Cada palabra, cada verso de sus dos últimos libros
revelan el conocimiento del lenguaje y el sentido justo de la expresión. Y
es que Cote no daba puntadas al azar. No se dejaba subyugar por el simple juego
de adjetivos, ni cocinaba sus versos en los manidos moldes poéticos generacionales.
Su poesía obedecía a un laborioso trabajo de alquimista. Era un
poeta de taller. A tres décadas de su muerte, la obra de Eduardo Cote Lamus se ha liberado de las ataduras del tiempo. Forma parte ya del patrimonio político e intelectual de nuestro Departamento. Su nombre quedará definitivamente vinculado a la vida Colombiana, y especialmente, a la vida del Norte de Santander. | |