Francisco de Paula Santander y Omaña
"La moderación, la tolerancia y la justicia rigen el corazón y
desarman el descontento
Recopilación histórica
Por Mariana Tolosa Rico

 

Nace en la Villa del Rosario de Cúcuta, el 2 de abril de 1792. Es conocido como "El Hombre de las Leyes" y el "Organizador de la Victoria". Su padre fue Don Juan Agustín Santander y Colmenares y su madre Doña Manuela Antonia de Omaña y Rodríguez. La infancia del niño Francisco de Paula transcurrió en la comodidad de las haciendas de café, caña de azúcar y cacao que poseía su padre, quien fue gobernador de la Provincia de San Faustino de los Ríos, y descendía de una antigua familia de militares y funcionarios.

La Familia.

Su padre don Juan Agustín Santander y Colmenares, que también fue capitán de los comuneros en Cúcuta, murió cuando era muy joven. Su tío don José Salvador fue nombrado líder de la insurrección en Táchira. Su padre le pidió a su tío el presbítero don Nicolás Mauricio de Omaña y Rodríguez, que tuvo un papel importante en el comienzo de la revolución, que lo apadrinara en el ingreso al semiespartano Colegio de San Bartolomé, del que era vicerrector. Su madre doña Manuela Antonia de Omaña y Rodríguez murió en 1819 por una vejez prematura consecuencia de la época del Terror, en la que estuvo encerrada en su casa con su hermana, y antes de morir manifestó que estaba feliz de haber vivido lo suficiente para ver libre a la patria, muerte que provocó una tristeza inmensa.

Su hermana Josefa, también conocida como "Josefita" contrajo nupcias con el coronel venezolano José María Briceño Méndez, un veterano oficial herido en combate quien era hijo del coronel Pedro Briceño del Pumar, que murió en 1819 en la Guayana, hermano del general Pedro Briceño Méndez y un hermano suyo murió en combate como coronel, otro murió en cautiverio como teniente coronel, otro sobrevivió la guerra como coronel y otro murió desterrado como capellán. Este matrimonio tuvo siete hijos, y los padrinos fueron el general Santander y su pareja Nicolasa Ibáñez.

En 1805 viaja a Bogotá a estudiar en el Colegio Mayor de San Bartolomé. Obtiene la Beca bartolina en 1805 y el grado de Bachiller en Filosofía en 1808, casi culminando sus estudios de Derecho en la Universidad Santo Tomás, en el año 1810, cuando en las calles lo sorprende la Guerra de Independencia.

 

Ingresó como recluta voluntario en las filas patrióticas y recibió el rango de subteniente-abanderado del batallón de guardias nacionales. Fue parte de la Inspección Militar, de la comisión de Guerra en la Junta Suprema y colaborando con Antonio Baraya en la campaña del Norte y en la guerra de la federación contra las fuerzas centralistas de Cundinamarca después de haber anexado Mariquita en sus filas, siendo ascendido sucesivamente a teniente y capitán, en menos de un mes (1812) fue herido y hecho prisionero durante el asedio a Bogotá por las fuerzas centralistas al mando de Antonio Nariño, quien lo libera para enviarlo a servir en la campaña del general Bolívar en el norte.

En 1813 Santander no participó en la Campaña Admirable, permaneciendo en la población de La Grita, que había capturado por asalto, en apoyo al coronel Manuel del Castillo el cual se declaró en rebeldía en una campaña que desafió cualquier cálculo racional, pero quedó sorprendido por el genio de Bolívar y cubrió tenazmente la retaguardia cuando la campaña terminó en estrepitoso fracaso por factores como la logística, la contraofensiva de los batallones españoles o la falta de entusiasmo de la juventud comparada con la neogranadina.

En 1814 se convierte en coronel y desde 1816 participa en el repliegue del ejército libertador en los llanos, si bien dura poco en la comandancia de este ejército debido a la resistencia de los soldados llaneros a ser dirigidos por un militar ajeno a la región y que previamente había rechazado por considerarse incompetente para dirigir a los llaneros rebeldes a la disciplina militar. Pero entonces de acuerdo con el nombramiento de Páez enterró su espada en el suelo, declaró que prefería morir con ella enterrada antes que consentir que el nombramiento no fuera hecho adecuadamente y se ganó cierto respeto que también ganaría luchando al lado de Páez. Fue comandante de la segunda brigada de caballería, venciendo en El Yagual donde fue crucial, cargó violentamente y también lucharía lanza en mano en la campaña de los Llanos.

En 1818 es ascendido a general de brigada, y con experiencia como oficial de Estado Mayor y comandante, mandando entre otros los batallones "Piar", "Apure" y "Bajo Caroní", la 2a brigada de caballería o la 1a división de línea del Bajo Caroní se le encomienda reorganizar las fuerzas en Casanare para la ofensiva final.

En 1819 después de acciones como Termopilas de Paya, Pantano de Vargas o Gámeza, donde fue herido al frente de las tropas, y el cruce de Pisba, con su ejército fue la pieza definitiva en el triunfo de Bolívar en la Batalla de Boyacá.

Vice Presidencia de la GRAN COLOMBIA

Conseguida la independencia es elegido Vicepresidente de Cundinamarca, estado de la Gran Colombia, que por ese entonces incluía todo el territorio de la actual Colombia, y desde esta oficina fue el encargado de hacer valer y respetar a las nuevas autoridades republicanas, que eran vistas por muchos como un intento más de independencia que sucumbiría a la metrópoli como le había ocurrido a la Patria Boba. Luego de conseguir el consolidamiento de la autoridad en el territorio de la Nueva Granada, fue ascendido a la vicepresidencia de toda la Gran Colombia en 1821, un cargo que había sido desempeñado infructuosamente durante esos dos años por Francisco Antonio Zea, Antonio Nariño, José María del Castillo y Rada y Germán Roscio, y cuya dificultad radicaba en que acarreaba la jefatura del Estado y del gobierno del país debido a la ausencia del presidente titular, Simón Bolívar, por las guerras de independencia de Ecuador, Perú y la futura Bolivia.

Las peticiones de Bolívar para que le fueran proveídos los dineros y soldados que éste necesitaba para la campaña en Perú no fueron posibles de atender, al menos inicialmente, por Santander, toda vez que se trataba de ayudar en una guerra ya en ese momento por fuera de las fronteras de la Gran Colombia, es decir, en el extranjero. Santander estaba atado para justificar legalmente dicha ayuda, ya que el artículo 128 de la Constitución de Cúcuta sólo aplicaba para casos de Conmoción Interior, razón por la que se daba prioridad a organizar las fuerzas de la República contra posibles reconquistas que llegasen del norte. No obstante, consciente de la urgencia de acudir en la ayuda del Libertador (ya que de todas formas si no se liberaba Perú habría riesgo de invasión a Colombia por el sur), Santander emprendió ingentes esfuerzos ante el Congreso de Colombia para que le aprobaran una ley necesaria para proveer lo solicitado por Bolívar. Santander en una de sus cartas a Bolívar le hace claridad sobre su compromiso con la causa, pero también le pone por delante el espíritu de legalismo que debía regir en la República.

 

Nada más alejado del sentimiento de mezquindad que tanto entonces como hoy se ha querido endilgar al Arquitecto de la República. Finalmente los apoyos económicos y militares que Bolívar le solicitaba para la campaña de liberación del Perú terminaron llegando a pesar de las necesidades, la economía o la amenaza de la Santa Alianza y obteniendo la aprobación legislativa, sin la cual la independencia de América siempre estaría en riesgo como él mismo declaró al Congreso.

Es interesante observar el gobierno, la administración y el estado. Y además de improvisar y exigir recursos para hacer la guerra al tiempo que reconstruía el país, llegando a escribirle a Bolívar que "hoy me he convertido en Arismendi", y Joaquín Tamayo sostiene que "Para darnos cuenta de la magnitud de la obra santanderista, basta examinar las circunstancias pecuniarias de la Nueva Granada en 1820: el desagrado de sus habitantes a pagar la campaña de Venezuela. El Ejército Libertador se cubría de gloria, mas esa sucesión de triunfos fue posible porque había en el gobierno un hombre lo suficientemente poderoso para satisfacer exigentes necesidades, cobrar los impuestos, y a mano fuerte -llegado el caso- sacar de donde no existía 10 o 20 mil pesos para alimentar a los guerreros. Se ha dicho que Santander fue el burócrata perfecto, mezquino y avaro, pero se olvida que la guerra de la Independencia se hizo como todas las guerras del universo, con dinero, y nada más difícil que convencer a los contribuyentes […] No se engañó Santander respecto a los santafereños. Jamás le perdonaron que tomara sus onzas para vestir al Ejército Libertador, y fue tal su odio, que todavía a fines del siglo XIX le cubrieron de agravios los descendientes remotos de esos comerciantes de Santa Fe", en esta vicepresidencia sostuvo enfrentamientos desde su pasquín El Patriota con Antonio Nariño y su pasquín Los Toros de Fucha lo que puso a prueba al Hombre de las leyes frente a la libertad de prensa ejercida por El Precursor. Durante esa época fue acusado duramente de colaboración en un desfalco a la nación, particularmente por el empréstito obtenido del gobierno británico con una larga historia detrás desastrosa para la deuda externa. A diferencia de años posteriores, el periodismo no sería peligroso de ejercer, toda vez que Santander consideraba la Libertad de Imprenta como puntal de la democracia republicana.

La noche septembrina

Siempre se le vinculó con el asesinato de Antonio José de Sucre y con la conspiración que pretendió la muerte de Bolívar. Para cuando fue asesinado Sucre, Santander ya se encontraba exiliado en Europa, a donde partió desde los calabozos de Bocachica en Cartagena en 1829; además, convenía más su muerte al General Juan José Flórez, por cuanto le representaba una amenaza a sus ambiciones presidenciales en Ecuador. En el caso de la Conspiración Septembrina, no sólo nunca se le demostró participación a Santander en el crimen, sino que además fue objeto de un juicio sumario en el que, entre otras irregularidades, se le violó su debido proceso, se le negó tanto la posibilidad de un abogado de oficio como de contratar uno privado, y para completar se nombró a su peor enemigo político como juez "imparcial" (Rafael Urdaneta), Ministro del Interior de la época. Sólo hasta después de la muerte de Simón Bolívar, se pudo conocer en su totalidad el Proceso, en el que se comprueban estas y otras injusticias contra el Hombre de las Leyes.

El atentado a Bolívar fue el resultado de una cadena de sucesos: Luego del fracaso de la Convención de Ocaña, el 28 de agosto de 1828 Bolívar abroga la constitución y elimina el cargo de Vicepresidente; el 14 de septiembre (11 días antes de la nefasta noche), se le comunica a Santander su nuevo nombramiento como ministro plenipotenciario ante los Estados Unidos. Ya entonces se gestaba un movimiento clandestino de dos facciones, para deponer a Bolívar; una de las facciones de corte moderada y civilista, que deseaba restaurar la institucionalidad y la Constitución de Cúcuta, vigente hasta entonces; la otra facción, radical, comandada por el militar venezolano Pedro Carujo, quienes iban por la vía de las armas.

Dice Posada Gutiérrez (Memoria histórico-políticas) que "Santander, aunque alma y centro de la oposición a Bolívar, no sólo no tuvo parte en la conjura, sino que trató de estorbarla e impedirla". Santander estaba enterado evidentemente, pero en una sin salida ya que, no podía denunciar o hacer desistir a los conspiradores, ni tampoco (al menos no directamente) advertir a Bolívar porque significaba un reconocimiento tácito de la Dictadura y por tanto un acto de subordinación para con alguien que ocupaba ilegítimamente el poder absoluto.

 

De haber sido Santander el cerebro del atentado a Bolívar, habría aprovechado para salir del país y ponerse a cubierto si "algo salía mal". Incluso salvó a Bolívar de morir asesinado en al menos dos ocasiones, una de ellas en el Teatro Coliseo de Bogotá (hoy Teatro Colón de Bogotá), y la otra precisamente el 21 de septiembre, cuando estando el Libertador en Soacha, el Héroe le impidió al belicoso Pedro Carujo llevar a término tan nefando propósito. Santander, como cabeza de la oposición, deseaba restablecer el orden constitucional que Bolívar había quebrado al convertirse en Dictador, pero no usando la violencia sino el movimiento popular pacífico. Tan seguro estaba Santander de su inocencia en los hechos del 25 de septiembre, que voluntariamente se presentó a descargos, luego de lo cual fue apresado y confinado a la Biblioteca Nacional.

Se ha creído erróneamente que la conspiración fue organizada por liberales neogranadinos. Lo cierto es que entre aquellos se encontraba el que sería uno de los fundadores del Partido Conservador Colombiano, Mariano Ospina Rodríguez, y por supuesto el coronel Pedro Carujo, principal dirigente en el atentado y quien personalmente iba a la cabeza del grupo de al menos 20 hombres que ingresó aquella noche al Palacio de San Carlos buscando la cabeza del Libertador. De manera que el trasfondo político de esta celada, organizada básicamente en su mayoría por jóvenes estudiantes, era mucho más complejo.

Crisis con Bolívar

Frente al sector civilista que Santander representaba surgió un sector militarista, renuente a aceptar los formalismos constitucionales y legales y temerosos de que el poder jurídico se sobrepusiera al heroísmo militar, en especial el representado por Bolívar. Entonces se formaron los bandos santanderista o civilista y bolivariano o militarista, lo que distanció cada vez más a los dos líderes. Pero lo que sobre todo los distanció, además de la acusación de robarse el empréstito solicitado a Inglaterra hecha indirectamente jugando tresillo, fueron los hechos a partir de La Cosiata tanto a nivel político como personal.

 

En 1826 tras su regreso victorioso, se confirmó la elección de Bolívar como presidente y Santander como vicepresidente, pero las diferencias habían llegado a ser muy profundas, al punto de que los bolivarianos respaldaban la implantación de la constitución boliviana en la Gran Colombia, constitución que implicaba el carácter vitalicio de la presidencia y la inexistencia de las elecciones, Santander y sus adeptos preferían mantener la constitución que se había firmado en La Villa del Rosario de Cúcuta. Curiosamente, el 28 octubre de 1827 al recibir la corona cívica el Libertador la tomó en sus manos, manifestó que el pueblo colombiano era el único acreedor a ella, se dirigió al general Santander, colocó la corona en sus sienes y manifestó que: "El Vicepresidente, como el primero del pueblo, merece esta corona".

Presidente de La Nueva Granada

En 1830 sucedieron la renuncia y muerte de Bolívar y la disolución de la Gran Colombia, y resultando en el poder el sector civilista, se decidió llamar a Santander para que asumiera tras la firma de la constitución de 1832, la presidencia de la república de forma interina. Así mismo, el general fue restituido en sus honores y rangos militares, de los cuales había sido despojado cuando el destierro. La noticia de su elección presidencial la recibió estando en Nueva York, y por esto, pese a ser elegido el 9 de marzo, solo se posesionó al llegar a Bogotá, meses después, el 7 de octubre de 1832.

Su mandato interino finalizo el 1 de abril de 1833, pero fue elegido como Presidente de Nueva Granada en propiedad para el cuatrienio siguiente. Durante su administración, apoyado por dirigentes de la talla de Vicente Azuero, su principal colaborador, ejerció una política de carácter liberal, como la que había ejercido siendo vicepresidente de la Gran Colombia. Su gobierno tuvo la responsabilidad de darle la estabilidad necesaria al nuevo Estado y para ello intervino fuertemente en las reformas a la hacienda y la educación, y desarrolló y fortaleció las relaciones diplomáticas del nuevo país.

 

Educación Pública

La principal preocupación y obsesión de Santander fue la educación pública, pues consideraba que había sido la razón de ser de la revolución y que una nación en formación necesitaba primordialmente hombres capaces de sacarla adelante, y para fortalecerla creó los llamados colegios santanderinos, dedicados no solo a la educación media (la básica se ofrecía en las escuelas) sino a la universitaria con cátedras de teología, filosofía, medicina o derecho. Muchos de los colegios creados en ese tiempo existen todavía, algunos como colegios de educación secundaria y otros como universidades. En total creo 20 "grandes colegios" en las capitales de la mayoría de las provincias. Los colegios fueron creados con un espíritu liberal y laicista, incluyendo un fuerte corte utilitarista, con base en la lectura de Bentham aunque con perspectiva crítica. Decretó universidades, colegios y centros culturales en Venezuela, Cundinamarca y Quito, la Universidad del Cauca y la Universidad Central (actual Universidad Nacional).

Economía

En cuanto a la hacienda y la economía nacional, el gobierno de Santander fue el primero en empezar a desmontar la estructura fiscal de la Colonia, al eliminar los impuestos de alcabala y los derechos de explotación; si bien se mantuvo el monopolio existente sobre el cultivo del tabaco, se promovió su exportación, así como la de café y algodón, y en menor medida la del resto de productos agrícolas del país.

La uniformidad de la moneda y la primera ley que reglamentó la jubilación de los empleados públicos se lograron en 1835. Al terminar su mandato el presidente Santander tenía su casa en orden, hasta el punto que no había déficit, pero parte del cuerpo diplomático nunca le perdonó que redujera los gastos en representación republicana y simple aunque ciertamente majestuosa y elegante.

Relaciones exteriores

La preocupación principal de la diplomacia granadina fue la de lograr el reconocimiento de la nación en el exterior. Durante el mandato de Santander se continuó estimulando la marina mercante, se firmó el primer tratado de amistad con el también naciente gobierno de Venezuela (1833) y se logró el reconocimiento de la Santa Sede, convirtiéndose la Nueva Granada en la primera nación de Hispanoamérica en lograr tal reconocimiento (1835). Previamente ya había obtenido el reconocimiento de Colombia por la Gran Bretaña, los Estados Unidos y el Vaticano, lo cual obtuvo con firmeza, y también, además de conseguir el patronato en 1826 amenazó al Papa "con una organización de la Iglesia en forma absolutamente independiente de Roma".

Oposición

El dotar a los colegios de textos del liberal inglés Jeremías Bentham y las medidas abiertamente liberales que empezó a adoptar el gobierno, provocó la reacción de los sectores más moderados de los civilistas, encabezados por el ex vicepresidente José Ignacio de Márquez, que se convirtieron junto a los reductos bolivarianos en la oposición al gobierno, y este conjunto político fue posteriormente llamado el grupo de los ministeriales y finalmente daría origen al Partido Conservador Colombiano. Los sectores más progresistas, encabezados por Vicente Azuero y José María Obando, entre otros, que se quedaron respaldando la gestión de Santander, se convertirían en el Partido Liberal Colombiano. Al mismo tiempo, Santander también ha sido considerado fundador del partido "liberal" y Bolívar fundador del partido "conservador". Curiosamente, Gabriel García Márquez considera a Santander fundador del partido conservador y a Bolívar fundador del partido liberal.

Rechazando la reelección en la Presidencia, cuando terminaba su mandato no logró unir a sus seguidores en torno de un solo candidato y el triunfo fue para José Ignacio de Márquez. En este periodo de tiempo Santander se quejaba de fuertes cólicos y los doctores no encontraban razón de sus dolores. Se convirtió entonces en senador y presidente del Congreso de Nueva Granada; así mismo lideró la oposición a Márquez y cuando se preparaba para iniciar su campaña por la reelección, el mismo día de pronunciar un brillante discurso que era típico de su oratoria cayó gravemente enfermo y falleció en la ciudad de Bogotá el 6 de mayo de 1840 después de una larga agonía y de delirios. Haciendo su testamento, tuvo un arrepentimiento: "Ojalá hubiera querido a Dios tanto como quise a mi patria". Su autopsia reveló, además de dos heridas de bala y una de lanza, que murió a causa de cálculos biliares causados al manejar un gran estrés, razón por la cual sentía fuertes cólicos.
 

Bibliografía

- Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 2: Historia II. Círculo de Lectores, 1991, Bogotá.
- Biblioteca Fundación Francisco de Paula Santander, 80 Vols. Bogotá, 1988-1993.
- Pacheco Molina, Luis y Leonardo Molina Lemus. La familia de Santander. Cali, Biblioteca Banco Popular, 1978.
- MORENO DE ÁNGEL, Pilar. Manuel, hijo de una aventura juvenil de Santander. Revista Credencial Historia.(Bogotá - Colombia). Edición 5. Mayo de 1990.
- MONGE, Celiano. Informe del Ministro de Relaciones Exteriores sobre el origen de los descendientes del general Francisco de Paula Santander en Quito. Publicado en el diario El Debate, 3 de mayo