MONSEÑOR ALEJANDRINO PÉREZ AMAYA
 
 

A la edad de 92 años, en la madrugada del 1º de julio de 2002, murió Monseñor Alejandrino Pérez Amaya. Cincuenta sacerdotes, encabezados por Monseñor Lozano Zafra, Obispo de la Diócesis de Ocaña, y numerosos familiares y amigos lo acompañaron hasta su última morada del Cementerio Central de Ocaña.

Era el último de los hermanos Pérez Amaya. Plácida, Luis Jesús, Leopoldina y Emelina lo habían precedido en su partida.

Oriundo de Hacarí, pasó sus primeros años de infancia en La Playa de Belén; posteriormente, siguió los pasos de su vocación sacerdotal.

 

Fue párroco en La Playa de Belén, El Carmen, Pivijay, Aguachica, Convención, Teorama, González, Río de Oro y Santa Marta. Construyó cinco templos con sus casas curales y publicó tres semanarios eclesiásticos. En Santa Marta, mientras fue párroco de la Catedral, circularon semanalmente tres mil ejemplares de "La Basílica", periódico fundado, dirigido y escrito por él. A su misión de apostol, le agregó, desde muy temprana edad, una vocación artística que lo llevó por los caminos de la música. Interpretaba la flauta, el oboe y el armonio.

Estaba vinculado a la Diócesis de Ocaña, donde fue Delegado Episcopal para Causas de Partidas y Documentos, Canciller de la Diócesis, Rector del histórico templo del Dulce Nombre, Director del programa radial de la Legión de María y Prelado de Honor del Papa Juan Pablo II.

Publicó dos libros de poemas y alocuciones sagradas. Era evidente el profundo carácter religioso de su poesía. Ese era su entorno natural, su propio mundo. Jesús y María eran sus banderas. Estaba considerado como uno de los mejores oradores sagrados de la Diócesis de Ocaña.

Monseñor Alejandrino fue austero en sus costumbres; discreto y, algunos opinan que de ceño adusto, pero quienes lo conocimos bien sabíamos que detrás de su talante severo vibraba un ser cálido, un sacerdote ejemplar, un hombre con signo cristiano. Continuar...

 
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