CHAPINERO SIN COSTEÑOS
David Sánchez Juliao
Foto de Nelson Cárdenas

El periodista bogotano y buen amigo Jairo Pulgarín me ha solicitado que escriba, con destino al periódico virtual que él dirige, llamado Chapinero Alto, una cuartilla sobre el tema de qué sería Chapinero (en Bogotá) sin costeños. La sola sugerencia es ya un atrevimiento por parte del comunicador del Altiplano, y carga, desde luego, un tufillo de regionalismo y cierto tinte de discriminación. Pero, bueno, los caribes estamos acostumbrados a todo ello, y a mucho más; como acostumbrados estamos a que para cierta gente no pasemos de ser eso, costeños, simple y llanamente…costeños.

Pareciera que cierta gente en este país no se hubiera aún percatado de que aquello de 'Región Caribe' es una expresión que ha hecho carrera, y que los otrora "simplemente costeños" empezamos a sentirnos cómodos, mucho más cómodos, en la dimensión que encarna esta nueva denominación. Ante todo aquellos que, como los cesarenses y los habitantes del sur de nuestros departamentos, se han sentido siempre caribes, pese a las distancias que los separan del mar.

¿Qué podía yo hacer ante tan temeraria solicitud?
Pues… escribir la nota, en respuesta al amigo,
pero -utilizando uno de nuestros aforismos-
intentando sacarme el clavo en la respuesta.

He aquí, entonces, lo que le envié, texto que, complacido, comparto hoy con los lectores de la columna:

"En términos de geografía, Colombia es un país diverso, con siete o más regiones bien definidas. Casi lo mismo se podría afirmar de sus culturas. Pese a todas esas marcadas diferencias -en climas, acentos, cadencias, músicas, comidas- el país ha logrado pensarse y construirse como nación.

Nadie en Colombia quisiera dejar de ser colombiano. Al contrario, el orgullo por lo propio cunde en cada rincón del país, por 'lo propio-local' y por 'lo propio-nacional'.

Si acaso, con frecuencia, algunos salen en defensa de los valores de su región, pero sin negar su colombianidad. Más bien, como parte de ella.

Nuestro destino siempre estuvo, por tanto, marcado por la unidad en un país consciente de dos cosas. Primero, que somos una nación sólida, y segundo, complementaria.
Es decir, que lo que una región no ofrece, otras lo prodigan.

Así, los enfrentamientos, casi siempre en broma, entre una y otra región (que jamás trascienden los terrenos de la palabra y el humor) expresan, de manera muy especial, esa conciencia de la complementariedad.

Por ejemplo: un día, el destacado periodista Jairo Pulgarín me preguntó:

"¿Qué sería Bogotá, o Chapinero, sin costeños?".
Y yo respondí: "Lo mismo que sería la Costa Caribe sin cachacos".
"¿Cómo así?", volvió él a preguntar, y yo me tomé unos minutos para explicar:
"Lo mejor para el país es que cachacos interioranos y costeños caribes nos complementemos. Porque, si los costeños nos independizamos, terminaríamos siendo, sin cachacos, una especie de Haití. Y si ustedes los cachacos se independizan, terminarían, sin costeños, siendo algo parecido a Bolivia.
¿Cuál prefieres, Jairo: Bolivia o Haití?
Mejor, querido amigo, sigamos siendo Colombia, costa y montañas, ajiaco y arroz con coco, fríjoles y guandul, friche y longaniza, pasillo y vallenato, Juanes y Shakira, El Flecha y Los Carrangueros, El Pibe e Higuita, ruana y guayabera, que así nos va mejor".

Y agregué algo importante: "Pero eso sí, mamándonos gallo unos a otros...
...como cuando alguien en una encopetada cena de alcurnias bogotanas me preguntó:
'David, ¿tú de dónde eres?'
Y yo le respondí: 'Bogotano, yo soy bogotano, de los Sánchez de Teusaquillo y los Juliao de La Candelaria'.
Y la dama rezongó: 'Pero hablas como costeño? ...'.
La miré y le lancé el dardo:
'Claro, porque me he pulido".