LA NOVIA DE MIS SUEÑOS DE NIÑO
Por Pablo Chacón Medina
Alguna vez busqué retrotrayendo el tiempo/ cuál había sido mi primer recuerdo./ Quizá el más lejano, de pronto el más recóndito/ tal vez el más remoto oculto en mi memoria./ De tanto concentrarme regresando el cerebro/ al fin apareció intacto y de repente./ Fue como una agradable oleada de viento/ que surcó mis mejillas siendo apenas un niño/ cual un raudo cometa que cruzó el firmamento/ para girar de nuevo los pasos fenecidos/ repitiendo otra vez sus años de pequeño.

Aquel suave oleaje de aire inolvidable/ como brisa marina se me quedó grabado./ Y ha sido tal la espera por verlo repetirse/ que olas frías de nostalgias, llenas de remembranzas/ como imágenes grises surcan por mis oídos.

Mas hubo un viento recio que apareció más tarde/ cuando ya mis mejillas había quemado el tiempo/ y un aire adolescente endureció mis huesos./ Fue en una noche cómplice, de rumores y estrellas/ bajo un palo de almendro florecido de ruidos.

La niña de mis retoños, la primera en la infancia/ muerta del susto estaba anudada a mis brazos./ Y un sudor de temores, que humedecía sus labios/ gotas de fuego tierno endulzaban sus besos.

De pronto entre las sombras, como un intruso aleve/ un viento estrepitoso, cual reguero de vidrios/ desmoronó el hechizo con un intenso ruido./ Fue allí donde la niña despavorida y tensa/ huyó tras el espectro de un espacio vacío.

Nos separó la brisa que irrumpió raudamente/ dejando tras el aire un olor de tristeza./ Fue el golpe más severo que me haya dado el viento/ al llevarse a la niña con rumbo sin regreso.

Mas desde aquella noche, como una ventolera/ entre miles de sueños gira el árbol de almendro./ En cada vuelta nueva veo caer sus hojas/ como años que pasan retostados en lágrimas.

La imagen de la novia que escapa y de su sombra/ como un poema de Silva se alarga en mis recuerdos/ se extiende largamente, tan lenta y tan perenne/ que hasta la misma muerte es más corta en el tiempo.

Cuántos años se han ido, no he sabido contarlos/ mas de pronto en octubre, de año que fue bisiesto/ clavados en el aire como rayos de fuego/ un par de ojazos negros regresando de lejos/ han vuelto en una nube a posarse en los míos/ cual si fuera la misma reflejada al espejo.

Allí veo la niña que asustada había huido/ la que sólo en mis sueños pude amar más que a ella./ Ya no estaba el almendro florecido de ruidos/ ni esparcidos al viento, como en un remolino/ sus bucles inocentes que ayer habían partido.

Tenía dos trenzas largas, que tejidas a su cuerpo/ semejaban mil rosarios rezados en mil silencios/ para que el viento que ayer irrumpió nuestro secreto/ nos devolviera el hechizo que junto a un árbol de almendro/ la niña de mis retoños me entregó sin compromiso/ antes de salir huyendo entre palos quebradizos/ asustada entre las sombras, aquella noche de ruidos.

Y vi al través de sus ojos, a mi novia de la infancia/ que aunque de trenzas tejidas y no con bucles de plata/ tenía el perfume inocente de aquella que entre mis manos/ siendo yo un adolescente bebí en sus labios de fuego/ todo el rocío de su aroma, que en primavera fue niña, engalanada de versos.

Era la niña de trenzas, que ayer asomaba bucles.

Pablochaconmedinaazul@hotmail.com


Mi apreciado amigo, Pablo Chacón Medina, seguramente el mejor abogado penalista de Norte de Santander, y notable historiador, ha venido a traerme copia de su artículo "La novia de mis sueños de niño", que aparece publicado en su columna dominical, de la página editorial del diario La Opinión (Cúcuta), de hoy. Vino acompañado de Martha, la novia de sus sueños de niño, a quien, también, me une una grata y larga amistad. Comparto con nuestros lectores este hermoso escrito. Chinácota, 24 de febrero de 2008.