EL TIEMPO.COM | Por: JAVIER SILVA HERRERA | 01 de Noviembre de 2013

Un símbolo patrio se muere de viejo en
el valle de Cocora


 
 

Por esa misma razón, como en el año 2029 un poco más de la mitad de las palmas del valle ya habrán superado los 40 metros, de no hacerse ningún esfuerzo por conservarlas o reemplazarlas, ninguna sobreviviría hasta finales de este siglo. Las palmas más altas están entre la quebrada Cárdenas y el río Quindío, donde el 70 por ciento de los individuos miden 40 metros o más. Este sería el lugar que perdería más ejemplares hacia mediados de siglo.

La causa de que la palma muera y no deje descendencia que prolongue su supervivencia en el tiempo es la ganadería, que se ha extendido sin sostenibilidad en esta zona, aledaña al municipio de Salento. Es una actividad que no tala las palmas, pero que arrasa con las plántulas que ella provee desde sus ramas o penachos y que son como los ‘embriones’ de un nuevo ejemplar. El pastoreo, en su avance, no deja que crezcan y se desarrollen, por lo que el bosque no se renueva y es cada vez más escaso.

“Las palmas de cera tienen un crecimiento muy lento. Pueden tardar hasta 57 años para empezar a producir su tallo y 83 años para reproducirse. Recién nacidas sacan una hoja o dos cada año, pero las vacas destruyen todo su crecimiento de un bocado”, explica Sanín.

Adicionalmente, la ganadería ha eliminado cualquier otro tipo de vegetación que pueda darles sombra a esas plántulas, que no pueden crecer expuestas de lleno a los rayos del sol.

Y es que parte de las razones para que el bosque se vea hoy fraccionado y muchas de las palmas crezcan aisladamente se deben a que decenas de ellas fueron deforestadas en el siglo XX, para usar sus hojas en la fabricación de los ramos de Semana Santa, una práctica que se ha reducido por la cantidad de campañas que han enseñado a los feligreses a reemplazar los ramos por plantas no silvestres.

El estudio de Bernal y Sanín hace un diagnóstico sombrío frente al futuro de la palma, pero también plantea una solución viable para detener esa extinción: la creación de una zona protegida en Cocora.

Mientras que el Ministerio de Medioambiente anuncia un Programa Nacional de Conservación de las Palmas, que estaría listo para el 2014, en el documento Bernal y Sanín proponen la creación del Santuario Nacional de la Palma de Cera del Quindío dentro del valle y en un área aledaña al parque Los Nevados, que permitiría cerrarle el paso a la ganadería. También sugieren el cultivo de la palma en viveros para iniciar un plan de repoblamiento.

Aunque la Oficina de Parques Nacionales le dijo a EL TIEMPO que la creación de esta zona protegida no está entre sus prioridades inmediatas, expertos del Instituto Humboldt informaron que para el establecimiento del santuario –en Cocora no hay zonas protegidas ni locales ni de la sociedad civil– sería necesaria la adquisición de terrenos, lo cual está en la Ley 61 de 1985.

Algunos de los predios de la zona son propiedad de la Corporación Autónoma Regional del Quindío, lo que facilitaría el intento. Sanín pone un ejemplo que justificaría ese esfuerzo: “La palma debe consolidarse como un atractivo ecoturístico. En Estados Unidos, en el Parque Nacional de las Secuoyas (California), cada uno de estos superárboles se cuida como un bebé y millones de personas van a verlos cada año. Lo mismo deberíamos hacer en Colombia con estas plantas únicas”.

Es árbol nacional por su majestuosidad

La declaratoria de la palma de cera del Quindío como árbol nacional de Colombia la hizo el Congreso de la República, a través de la Ley 61 de 1985, durante el mandato de Belisario Betancur. Para su declaratoria se tuvo en cuenta su belleza y el hecho de que fue descrita en el siglo XIX, ante su abundancia y majestuosidad, por el barón Alexander von Humboldt. Esta ley faculta al Gobierno para que designe partidas presupuestales y se pueda adquirir terrenos que no sean baldíos de la Nación, para constituir parques nacionales o santuarios de flora y proteger este símbolo patrio. Además, impone multas e incluso sanciones de arresto para quien tale la palma sin permiso.

La palma de cera del Quindío se extingue en este sector del Eje Cafetero sin dejar descendencia.

El loro orejiamarillo hace un agujero en el tronco del árbol y lo transforma en su hogar. Es su guarida. Allí duerme y cuida a sus polluelos. La palma de cera del Quindío, nuestro árbol nacional desde 1985, se transforma de esta forma en la casa definitiva de esta ave representativa del país. Pero esta gigantesca palma, la más alta del mundo entre las cerca de 2.400 especies que hay en el planeta –alcanza a medir 52 metros–, no solo es importante para el loro.

Es un eslabón del entramado de nuestra biodiversidad, porque representa salud para los ecosistemas y alimento para muchos otros animales, como dantas, roedores, cotorras, tucanes o mirlas.

Esto ha sido así durante miles de años. Pero el paso del tiempo y la crisis ambiental están haciendo estragos en ella. Muchos ejemplares de esta palma, llamada por los científicos como Ceroxylon quindiuense, se están muriendo de viejos, de pie, como cualquier árbol que se respete, y en un ocaso lento pero progresivo.

La situación se ha hecho más evidente en la parte alta, y entre los 2.300 y 2.600 metros sobre el nivel del mar, del valle de Cocora, en el Quindío, uno de los lugares más visitados por turistas locales y extranjeros, quienes se asombran al ver cientos de palmas enfiladas y alineadas alrededor de las montañas.

Todas ellas están sentenciadas. Y Cocora sin palmas sería como la sierra del Cocuy sin nieve o las cadenas de arrecifes del Caribe sin corales multicolores. Si no se actúa con prontitud, el país perdería entonces uno de los íconos de su paisaje andino.

Como cualquier ser vivo, la palma de cera tiene una expectativa de vida que, en su caso, es superior a los 100 años. Lo que hace especial este caso es que las palmas del valle de Cocora no han podido dejar descendencia para garantizar una prole extendida en el tiempo.

Al no poder regenerarse en los potreros donde crecen, las palmas que sobreviven en ellos forman un paisaje temporal, que ha logrado perdurar hasta el presente gracias a la gran longevidad de los ejemplares adultos. Pero, en la actualidad, más de la mitad de esos individuos están ya en las fases finales de su ciclo de vida y fallecerán en el transcurso de los próximos 47 años. En conclusión, el número de individuos se reduce año tras año, a medida que las palmas mueren sin dejar reemplazo.

El diagnóstico es el resultado de un estudio del Grupo de Investigación en Palmas Silvestres Neotropicales, de la Universidad Nacional, liderado por los botánicos Rodrigo Bernal y María José Sanín, publicado en la revista especializada Colombia Forestal.

La investigación hizo un seguimiento de las plantas que crecen en el valle de Cocora en los últimos 24 años. El trabajo determinó que el número de palmas ha bajado en un 19%, al pasar de 585 a 469 unidades en ciertos lugares seleccionados donde se concretó este censo.

La mayor cantidad de las que murieron eran plantas que medían más de 40 metros de altura y tenían entre 139 y 169 años.


 
LA PALMA DE CERA, árbol nacional
Por: Santiago Díaz Piedrahita
Tomado de: Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 139, Julio 2001)

Mediante la ley 61 de 1985, sancionada el 16 de septiembre por el presidente Belisario Betancur, el Congreso de la República adoptó a la palma de cera del Quindío [Ceroxylon quindiuense (Karsten) Wendl.] como árbol nacional. El articulado de esta norma señala: "Artículo 1º. Declárase como árbol nacional y símbolo patrio de Colombia a la especie de palma científicamente llamada Ceroxylon quindiuense y comúnmente denominada Palma de Cera. Artículo 2º. Facúltase al gobierno nacional para que con estricta sujeción a los planes y programas de desarrollo, realice las operaciones presupuestales correspondientes, contrate los empréstitos y celebre los contratos necesarios con el fin de adquirir terrenos, que no sean baldíos de la nación, en la Cordillera Central, para constituir uno o varios parques nacionales o santuarios de flora a fin de proteger el símbolo patrio y mantenerlo en su hábitat natural. Artículo 3º. Prohíbese la tala de la Palma de Cera bajo sanción penal aplicable en forma de multa, convertible en arresto, en beneficio del municipio donde se haya cometido la infracción de conformidad con el decreto ley 2811 de 1974".

Aunque la norma que establece la palma de cera como símbolo nacional es relativamente reciente, desde hace años existía un acuerdo de opinión que la reconocía como tal, tanto entre la población general como entre la comunidad científica.

Por su airoso porte y por los innumerables beneficios de ellas recibidos, las palmeras han estado vinculadas a la vida del hombre y a sus sentimientos desde tiempos inmemoriales. Por ello, el término palma no sólo se aplica a las palmeras sino que tiene una connotación de triunfo, victoria y aplauso; llevarse las palmas equivale a ganar o sobresalir en algo. El orden de las palmeras recibe el nombre de Principes, término equivalente a aventajado, primero, excelente o superior, motivo por el cual se utiliza también como título de honor para los grandes de un reino.

Siempre será tema de discusión la definición de si las palmeras son, en sentido morfológico estricto, árboles o hierbas gigantes. Similar a lo que ocurre en las demás plantas que se reproducen mediante semillas, en las palmeras el eje se diferencia claramente en una raíz y en un vástago, pero en ellas, ese eje aparece como un tronco recto y esbelto que mantiene casi el mismo grosor desde la base hasta el ápice y nunca produce ramas laterales; a cambio, aparece coronado en su extremo superior por un penacho de hojas pinnadas o flabeladas. Merced a este elegante porte y al notable desarrollo, pueden ser consideradas como verdaderos árboles, en los cuales el notable desarrollo de las hojas inhibe la actividad de las yemas laterales.

Las primeras noticias sobre la existencia de palmas de cera se deben a José Celestino Mutis, quien en 1785 consignó en sus apuntes interesantes datos sobre las especies propias de Timaná y de Guaduas, conocidas entonces con el nombre de "chuapa". La especie fue validada mediante una descripción publicada en 1808. Allí se dan interesantes datos relativos a la cera y a los múltiples usos dados al tronco y a las hojas. En una carta dirigida a Bertold Seeman, quien preparaba un interesante libro sobre las palmeras, y fechada en 1855 señala al naturalista alemán: "Hallé este árbol en la Cordillera de los Andes en el Paso del Quindío, entre Ibagué y Cartago, no más bajo en el declive de los 7.930, ni más alto que los 9.700 pies ingleses (Usted puede decir en su "Historia Popular de las Palmas", entre 7.900 y 9.700 pies ingleses) en compañía de árboles de Podocarpus [chaquiros] y Quercus granatensis [robles])".

Sin excepción, la palma de cera llamó la atención de todos los viajeros y naturalistas que recorrieron el camino del Quindío. William Purdie, describe las características y particularidades de nuestro árbol nacional en estos términos: "El altivo, noble tronco de este árbol está cubierto con una capa de cera resinosa, la cual le da una apariencia blanquecina de mármol, proporcionando un animado rasgo distintivo al escenario tan peculiar del páramo del Quindío, donde la palma abunda en grado extraordinario sin causar ningún daño al bosque subordinado bajo su grata sombra. Para obtener la cera el árbol se derriba y fui informado por mis guías que cada árbol proporciona una arroba o 25 libras. Un hombre puede cortar y raspar dos árboles en un día obteniendo al menos cincuenta libras. La cera es usada mezclada con sebo para hacer velas (sola quema demasiado rápido); es usada como vela de cera para ofrecerla a los santos y a la Virgen; el sebo está prohibido por las leyes o rúbrica de la Iglesia Romana; pero el cura de Toche, un pequeño caserío al pie del Quindío, me dijo que no podía permitir su uso en grandes ceremonias en la iglesia, porque las leyes de su religión lo prohiben; así aceptado, es imposible para ellos aprovechar este extraordinario producto natural, fácil de obtener; consecuentemente una gran importación de cera de abejas se ha introducido para uso sólo de la Iglesia. Después de raspada es simplemente derretida y vertida dentro de calabazos para ser usada por los aldeanos en la vecindad de la cordillera del Tolima. Se vende en la ciudad de Ibagué a los pies del Quindío a tres peniques o a medio real la libra; tiene considerable demanda pero es abundante y fácil de obtener."

Jean Baptise Boussingault, Herman Karsten y Edouard André aportan interesantes datos sobre la cera, su forma de recolección y sus usos. Célebres son los grabados hechos tanto por Taylor como por Crane con base en apuntes de André; los mismos fueron publicados y reproducidos en La Amérique Equinoxiale y el "Papel Periódico Ilustrado". En el primero aparece un cosechero o recolector de cera raspando el tronco en lo alto de una palmera; en el segundo se destaca la abundancia y notable desarrollo de las palmeras en la región del Quindío, cuya grandeza motivó al poeta Luis Vidales, quien dedica a la palma un breve pero magistral poema que dice musicalmente:

A la palma del Quindío le conté mi sueño un día.
Era la palma, era, era la palma de cera, la palmera,
la palma del sueño mío.

Cohete que sube al cielo y estalla en el estrellío.
Y cuando pasan los vientos la palma se vuelve río...
Oid el ruido del aire, el río..., la palma del niño mío.

Aquí la palpo guardada, aquí en el pecho,
al lado izquierdo del alma en donde llevo al Quindío.

La adopción de la palma de cera como emblema se debió a una propuesta de Armando Dugand, entonces director del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia y reconocido especialista en palmas, quien en julio de 1949 la propuso como tal al comité organizador del Tercer Congreso Suramericano de Botánica. Este comité estaba presidido por Enrique Pérez Arbeláez, el naturalista más destacado del siglo XX en Colombia, fundador del Herbario Nacional Colombiano y del Instituto de Ciencias Naturales y promotor de la publicación de la Flora de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada.

En una documentada exposición de motivos, Dugand destacó la palma de cera como un verdadero patrimonio estético de la nación y como una de las notabilidades florísticas más típicas de la vegetación colombiana, no sólo por ser un elemento destacado y característico del paisaje andino, sino por la cera que produce, por lo extraordinario de su hábitat, que se sale ampliamente de los límites geográfico-altidudinales comunes en la familia de las palmas, además de ser la más hermosa y más desarrollada dentro del género, puesto que puede superar los 50 metros de altura. La palma fue propuesta también como símbolo del Congreso que debía realizarse en Bogotá en 1953, pero que por iniciativa gubernamental fue cancelado, por lo cual su sede se trasladó a Lima. Desde entonces, la palma de cera ha sido considerada como árbol nacional. Así figura en múltiples escritos, actas y documentos y en especies postales.

En el comunicado Nº 1 del Congreso antes citado se señala: "La insignia del Tercer Congreso Botánico Suramericano, siguiendo la práctica de los precedentes, lleva con la leyenda adecuada, la figura de la planta nacional del país sede. Colombia ha escogido como sus emblemas vegetales, la Cattleya de Triana y la Palma de Cera del Quindío. Una de estas (la palma) figurará en el escudo del Tercer Congreso en su medio ambiente de montaña y nevados". En efecto, en la papelería del certamen figuró la palma como emblema y así se difundió al mundo.

En 1979 el gobierno nacional, a través de Colcultura, organismo entonces adscrito al Ministerio de Educación Nacional, publicó bajo el título de "Los símbolos nacionales" un álbum elaborado por Joaquín Piñeros Corpas. En él figuran, junto con la explicación del origen del nombre Colombia, la historia de la bandera y la letra del himno nacional, la palma de cera, como árbol nacional, la flor de mayo o Cattleya trianae como flor nacional, y la esmeralda como piedra representativa del país.

Título: La palma de cera, árbol nacional
Autor: Díaz Piedrahita, Santiago
Colección: Instituciones y símbolos de Colombia; Credencial Historia
Palabras clave: Colombia; Emblemas nacionales; Historia; Palma de cera
Temas: Emblemas nacionales; Historia; Palma de cera
Lugar: Colombia

1. Ceroxylum andicola (Ceroxylon quindiuense). Grabado de Sellier sobre dibujo de Pierre Jean François Turpin. "plantes équinoxiales", de Alexander von Humboldt, París, 1808. Instituto de Ciencias Naturales, Universidad Nacional de Colombia. 2. Palma de cera. Cerocylon quindiuense. Estampilla de correos. 1990. Colección Leo Temprano, Bogotá.