Del olor de los Cafetales a los pasillos de los Estoraques

 

Por Susan Claro Zuluaga

Crecí con la melodía de una canción de Los Visconti que se escucha en cada cantina del pueblo de donde proviene mi familia, ese "Ándate no pretendas, comprarme con tus besos" que parecía transportarse por los cafetales de la "Ciudad Milagro", mientras mi abuela materna saboreaba con sus labios el sabor de un amargo café, con el cual revivía el pasado quedando absorta en sus recuerdos.

Ahora, mientras añoro esa época de mi vida, la realidad me aterriza al espacio en el que estoy, una zona diferente a la ciudad de mi infancia, un lugar con un particular calor que siempre me acoge con esa brisa tenue que abre a su paso el paisaje limpio de la "Ciudad Bonita".

Estoy sentada en un apartamento ubicado en el barrio Cabecera del Llano de Bucaramanga y veo la sonrisa de mi padre, mientras disfruta el son de esa canción que evoca los años de niñez en su tierra natal, esa composición de fray Campo Elías Claro Carrascal O.P. que desborda en su mirada el anhelo del ayer,

"En tus "Estoraques",
mi Playa querida,
se bordan leyendas y cuentos de hadas
al pálido brillo de lunas amadas
que evocan las voces de la despedida".

En el transcurso de la canción lo veo y me pregunto cómo habrán sido sus otros cumpleaños, con quién estuvo esos 53 años cuando ninguno de los dos sabía de la existencia del otro.

Los Estoraques son símbolo del Norte de Santander.

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Lo conocí hace poco, el 5 de diciembre de 2009 a las 2 de la tarde y ese día completé esa parte de la historia que nunca imagine posible, descubrir que la genética adquiere precedentes inimaginables cuando se comprende cuán parecido pueden ser un padre y un hijo a pesar de la distancia.

Desde niña, mi vida giraba en torno a la música. Cuando era pequeña, el sonido de las melodías que escuchaba mi abuela, mientras caminaba por las calles gastadas de Armenia, me instruía en ese mundo en donde los ritmos remiten a algún lugar que el alma añora.

Y no era por casualidad, la herencia que adquirí de mi padre fue ese amor arraigado de toda la familia Claro Torrado hacia la música. A pesar de lo tarde que los conocí, entendí que cada 'pariente' permite que una sonrisa se dibuje en su rostro cuando una sencilla melodía le recuerda a su tierra natal.

Así, he dejado de viajar a donde el olor a café se impregna hasta en la sangre y aterricé en Bucaramanga: la Ciudad Bonita, la Ciudad de los Parques, la ciudad de donde son mis dos hermanos y la que ha sido testigo de esta historia novelesca y de otras tantas que han emigrado desde el Norte de Santander hasta esta ciudad.

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A pesar de mi jornada laboral, el día viernes inició, formalmente, cuando abordé el vuelo 2765 con destino a Bucaramanga. A las 3 de la tarde el clima cálido me recordó las pasadas experiencias que viví y que cada día se hacen inolvidables, sobretodo, cuando se conoce a alguien tan importante como un padre a los 23 años.

Bajé del avión y me dirigí a esperar a la esposa de mi padre, mamá Yoly, quien planeó la sorpresa de cumpleaños.

La idea inicial era viajar a Bucaramanga el 8 de abril y sorprender a mi padre con una visita familiar en su oficina. Así fue como su desesperación por la presión laboral se transformó en un color indescriptible en sus ojos, ante la alegría de ver a la mujer de su vida llegando con dos de sus hijos, entre ellos su hija mayor.

Sus ojos, con algunas lágrimas, no salían de su asombro, pues no esperaba que en ese día sucediera algo en particular, por el contrario, quería que llegara el día sábado, salir de la agobiante jornada laboral que nos conduce a la tediosa condena de vivir sin felicidad.

 

Sin embargo, la sorpresa no finalizaba ahí. Mi padre es de La Playa de Belén y quién sea de este municipio ubicado a 200 kilómetros de la ciudad de Cúcuta, capital del Norte de Santander, será con toda seguridad un pariente cercano.

Por eso en esa noche de viernes caluroso, otro regalo que recibió, fue la reunión de una parte de esa colonia que emigró a la capital de Santander. Pues como lo retoma Guido Pérez Arévalo en la página oficial de la Playa de Belén (http://www.laplayadebelen.org/) "cada playero es un alfarero, un pintor primitivista, un creador de su propio entorno. En cada rincón se cumple un sueño, se teje una ilusión".

De esta forma, en la llegada de cada familiar, de cada pariente y amigo, sus ojos buscaban a los de mamá Yoly, para, en un acto de amor y complicidad, agradecerle esa noche especial.

Pero, a pesar de las emociones, faltaba lo mejor. A las 9:30 de la noche, el timbre indicaba la llegada de la mayor sorpresa de la noche, el cantante y compositor Ocañero Hernán Páez, el cual al son de las notas de su guitarra interpretaba Noches playeras y Ocañerita.

Poco a poco la charla se centro en los días vividos en Ocaña y en La Playa de Belén, hacían que mi papá extrañará a Don Juan Claro, mi abuelo, que es recordado por su temperamento y buen humor en estos municipios.

De esta manera, mi padre pidió a los asistentes con su voz suplicante unos momentos de espera y de su extensa biblioteca seleccionó el libro de poemas de Jesús Alonso Velásquez Claro, para que el mismo escritor, asistente a la celebración, declamará, acompañado de los acordes de una guitarra, el poema "Bellavista" en donde años atrás mi padre nació.

Rememoro silente la casa solariega
Donde ¨Don Juan" con su gallarda estampa,
Saludaba en las tardes veraniegas
A sus vecinos de "La Rosa Blanca".

Me parece observarlo alto y sereno con su ironía, su gracejo y desparpajo:

"buenas tardes, tío Juancho. ¡Qué hay de nuevo?
¡¡¡Y a vos que te importa, gran carajo!!! (…)

La inspiración del poema Bellavista, finca en donde
mi padre vivíó y creció hasta los 18 años.

Señoras absolutas y castas del vergel,
Las que en medio de aroma y mariposas
Convirtieron el prado en un edén.
.
Pero el tiempo otra vez tiende su manto
Caprichos absurdos y, al final,
Agonizan de tedio entre los charcos
Las rosas que adornaban la heredad.

Hoy que han pasado los años presurosos
Y el recuerdo es un duende desvelado,
Allá en la silla de mimbre, silencioso,
parece que sonriera "Don Juan Claro".

Jesús Alonso Velásquez, conocido como "Nano"
declamando su poema "bellavista".

Así, en medio de los aplausos de los asistentes, recuerdo de nuevo los cafetales e imagino los Estoraques que se unen en la historia que entreteje mi vida.

Y al terminar la noche identifico en cada pariente al mismo que, cerrando los ojos, canta las melodías que escuchaban cuando niños y que hoy los une en la celebración del primer cumpleaños que comparto con mi padre. Lejos del olor de los cafetales, pero cerca de los pasillos que nos hacen recordar el encanto de los Estoraques.